LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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lunes, 12 de enero de 2026

EL PROBLEMA ESTÁ ABAJO

James Monroe formuló la doctrina que lleva su nombre (tan revisitada en estos días) en diciembre de 1823, cuando aun faltaba un año para la batalla de Ayacucho que puso fin al dominio colonial español en América del Sur. Bolívar formuló su célebre predicción sobre las apetencias imperiales yanquis sobre América Latina en 1829, y pese a que no quieran convencer de lo contrario, poco ha cambiado desde entonces. Tanto, que en su "Estrategia de Seguridad Nacional" conocida hace poco, Trump define actualizar la doctrina de u predecesor, con un corolario que lleva su propio nombre. 

En ese contexto, el objetivo norteamericano de controlar con mano de hierro el hemisferio es más viejo que mear en los portones, y persistente en el tiempo: no hay que confundir que circunstancialmente hayan centrado su interés en otros asuntos (como el Medio Oriente), con que hayan desistido de ese imperativo central de su política exterior. Y nos guste o no a nosotros (de hecho hemos tenido épocas en las que predominó en nuestra sociedad uno u otro de los sentimientos al respecto), estamos ubicados dentro de lo que ellos consideran su coto de caza exclusivo. De modo que eso constituye un condicionante geopolítico permanente a nuestra política interna (como la de todos los países de la región), que de novedoso no tiene nada.

Lo mismo vale para la tan denunciada crisis del derecho internacional y el multilateralismo. la carnicería de la Primera Mundial originó la Sociedad de Naciones y su fracaso llevó a la Segunda, y al surgimiento de la ONU, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el último intento conocido de racionalizar mediante normas e instrumentos jurídicos las disputas entre Estados, sistema hoy en crisis terminal. Sin embargo, el multilateralismo siendo la única solución civilizada para que el mundo no estalle definitivamente; tanto que cuando se lo abandona -como en estos años en los que la política del más fuerte coincide con la globalización financiera y la expansión de los flujos de capital desregulados- los conflictos no tienden a resolverse, sino todo lo contrario; de modo que tampoco hay novedades al respecto. 

Si puede decirse en cambio que es más "novedosa" la crisis cada vez más aguda de la democracia como sistema político, y no es casual que se de en el marco de la crisis del multilateralismo, porque ambas tienen el mismo origen, que no es otro que el despliegue desaforado del capitalismo en su actual versión tecno-feudal. El simple hecho de que se hable mucho del desencanto democrático pero poco de los estragos que causa el capitalismo marca quienes imponen las condiciones en las que se da el debate público; enturbiado además por diversas formas de toxicidad.

La crisis de la democracia no es solo un problema de las élites políticas, que claramente no están a la altura de las circunstancias (y son consecuencia directa de ellas), sino está fundamentalmente en su base: ya no existe -al menos no como lo conocimos y estudiamos- el presupuesto democrático básico del "pueblo", entendido como el conjunto de ciudadanos que toman decisiones racionales basados en su análisis objetivo de la realidad, y votan de acuerdo con sus intereses de clase, personales, familiares o de grupo de pertenencia, concediendo premios y castigos según las acciones de los gobiernos, en forma más o menos lineal.

Y no se trata simplemente que la idea misma de la existencia de clases sociales diferentes esté en crisis, sino que está en etapa de disolución toda idea de lo colectivo que trascienda la pura subjetividad individual: el sindicato, la nación, la patria, la clase, son vistos más como una amenaza a la fortaleza del yo individual, que como una aspiración de construcción pendiente, o una herramienta para que se defiendan los que tienen más o menos los mismos intereses.

Los medios tradicionales moldeaban durante años audiencias a fuego lento hasta que la simbiosis entre su línea editorial y las ideas (y sobre todo los prejuicios) de vastos sectores sociales era total. Hoy las redes sociales, las plataformas y los algoritmos aceleraron el proceso y lo retroalimentan a diario desde las pantallas de los dispositivos móviles que la gente tiene en la mano todo el día; y el resultado son millones de personas groseramente manipuladas a diario, todo el tiempo, en todo el mundo y acerca de todo; pero al mismo tiempo más convencidas que nunca de que son libres, nadie les dice como deben pensar o sentir y deciden por sí mismas lo más conveniente para sus propios intereses. Tanto que la propia libertad ha sido vaciada de sentido, y termina siendo el nombre de nuevas formas de esclavitud y dominación, individual y social.

Ya dejó de ser un punto de debate social y político relevante si cosa tal como la verdad (entendiendo por tal los hechos concretos de la realidad y su interpretación cognitiva) existe o no: simplemente dejó de ser importante, en términos de construcción de subjetividad y sus consecuencias, como las opiniones o la toma de decisiones políticas. Tanto que explica en gran medida el éxito entre el vulgo de la inteligencia artificial: nos muestra la realidad como queremos que sea.

Y la mercadotecnia asociada a la política (que deviene así en la indispensable pantalla institucional de la manipulación capitalista) aprovecha plenamente esa circunstancia: han demostrado que se pueden implantar dictaduras de hecho (incluso elegidas) que restrinjan derechos o los violen, con tal de que se mantenga el circo electoral; y que el despliegue explícito de políticas abiertamente fascistas y métodos más fascistas aun para ejecutarlas no solo no tengan amplio e instantáneo repudio, sino que gocen de una considerable base de apoyo social, como por cierto también lo tuvieron en su hora los fascismos originales.

Con un debate político prostituido por la fragmentación y colonización de las subjetividades ciudadanas, con niveles récords de ausentismo electoral que harían innecesario el fraude (pero si es necesario se lo hace), con partidos políticos travestidos o vaciados y candidaturas que años atrás hubieran parecido bizarras o inverosímiles, y desconectando a los resultados electorales de sus consecuencias según sean estos (respetamos el resultado en términos de mandato político solo si ganan los que nos gustan), a la democracia ya solo le va quedando el nombre respecto a su idea original; y de morigeradora de las desigualdades del capitalismo pasó a ser su reaseguro institucional.

Esa es la cancha, esos son los rivales, esas son las reglas de juego del partido; y allí está precisamente la dificultad mayor de estos tiempos para hacer política democrática en clave de representación de los intereses de las mayorías y en especial, de los excluidos y postergados: alguien tiene que romper el círculo, poner el palo en la rueda y plantear la discusión y la praxis política en otros términos; porque además todo el despliegue (comunicacional, estético y de poder crudo y duro) del sistema es para tutelar los mismos intereses concretos de siempre, aunque cambien sus formas, o sus vericuetos interiores. 

Oponerse eficazmente a eso intentando caminos alternativos es la única respuesta posible, aunque sea cada vez más dificultosa, y aunque signifique todo lo contrario de lo suelen aconsejar los gurúes de la pseudo ciencia política o la comunicación que siempre aconsejan la reproducción o asimilación al status quo existente; mientras se disfrazan de críticos para disimular que son parte del mismo esquema de dominación, en todo sentido. 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

LENIN Y MILEI

 

"Son frecuentes en las diatribas de la derecha que actualmente gobierna la Argentina, las referencias a autores marxistas como Gramsci, dirigente del Partido Comunista Italiano al que le tocó sufrir los rigores de la represión fascista y realizó elaboraciones muy ricas sobre la relación entre política, desarrollo económico, diferencias regionales y dimensiones culturales de las luchas sociales. Usan malamente la expresión “batalla cultural”, para nombrar la persecución ideológica, el cierre del pluralismo informativo y de ideas elemental en una sociedad que se llame democrática, y la manipulación goebbeliana de la población mediante mentiras repetidas infinitamente. ".

"Recientemente Milei, en el marco de la Conferencia de Acción Política Conservadora que se realizó en Buenos Aires, no solamente insistió en la necesidad, para la derecha en la que él participa, de sostener la famosa “batalla cultural”, sino que fue más lejos, citando a Lenin en aquello de que “sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”. Lo decía en abierta confrontación con los liberales “blandos” que no atacan con todo a “los zurdos” y en cambio “les hacen el juego” al no contar con una ideología de confrontación radical como la que Milei encarnaría. Imposible de encontrar este tipo de citas marxistas en Mauricio Macri, que más bien era un repetidor de clichés neoliberales y baratijas democratoides de ocasión.".

"El mileísmo, en cambio, trata de introducir otro espíritu –correlato de otra acción política y otra profundización de las políticas neoliberales de demolición nacional- y otro vocabulario para una derecha que están intentando construir, mucho más extremista, y que asume una combatividad contra todo lo que sea “socialismo” en un sentido tan amplio y difuso que caen adentro los radicales convertidos en felpudos de las corporaciones y hasta el mismísimo Rodríguez Larreta.".

"Lo interesante es que en un período en el cual la Argentina ha sido asolada por la lucha de clases del capital contra el trabajo –del ´76 hasta aquí-, todos los intentos de explicación de la evolución del país y la dinámica de empobrecimiento material y cultural de los argentinos desconocen la dimensión político-material, tema que es sin duda un factor explicativo relevante de lo ocurrido en la política y la economía argentina.".

"No es que necesariamente tengan que considerar a la economía y las disputas sociales un motor último de todo lo que ocurre, pero todas las teorías sobre la “decadencia argentina” eluden llamativamente la acción política del gran capital para transformar a nuestro país.".

"La versión tradicional de la derecha argentina sostenía que la decadencia empezó con el peronismo, que al distribuir ingresos y poner reglas que desalentaban al capital, puso al país en retroceso. En el medio, esta versión se salteaba la cantidad de gobiernos de derecha o antiperonistas, que en los últimos 70 años no tuvieron relación alguna con el detestado “populismo”, pero contribuyeron al subdesarrollo, el endeudamiento y empobrecimiento colectivos.".

"No importaba la verdad histórica, porque se buscaba asociar pobreza y subdesarrollo con peronismo en la cabeza de la gente, y no enseñarle a pensar históricamente a la población.".

"Ahora Milei va mucho más lejos, 100 años para atrás, pero además desaparece en su discurso cualquier referencia política a las clases sociales y a los intereses económicos. En esa línea de ficción política, plantea la confrontación entre “los políticos que se enriquecen a costa de la población que sufre”. No hay más clases sociales.".

"Se reemplaza la lucha de clases por la lucha contra los políticos, los empleados estatales, los docentes, los científicos, que pasan a ser los opresores de la gente común. No es simple delirio, sino que es un discurso funcional a otro objetivo: socavar la idea de que las instituciones políticas, que los partidos políticos, que la democracia representativa -donde los intereses económico-sociales aparecen mediados por un cuerpo profesional específico-, están de más.".

"El embate es contra la democracia, y contra el Estado nacional. Ese Estado que, en la actual etapa del capitalismo, constituye un escollo, especialmente en la periferia, a las necesidades de las grandes corporaciones globales. ¿Cómo hacer partícipes a las masas de las necesidades de los grandes capitales? Precisamente con este discurso disfrazado de “anarcocapitalismo”. Y no sólo eso: los políticos y los servidores públicos son la explicación de todos los males, de la pobreza y de la decadencia argentina.".

"Con esa maniobra discursiva Milei trasciende la idea antiperonista, o antikirchnerista, y mete en la bolsa del “socialismo” a todos los que entienden que el Estado en el capitalismo tendría algunas funciones regulatorias, y que en la política pluralista la negociación y el acuerdo tienen una función útil para lograr cierta armonía social.".

"El Milei “leninista” toma del líder de la revolución bolchevique las expresiones más vinculadas a la confrontación contra el régimen tiránico de los zares, incluidas las alianzas internacionales que llevaban a Rusia a una guerra ruinosa y catastrófica, y a su impugnación radical a una democracia que había nacido completamente maniatada para realizar los cambios urgentes que necesitaban las sufridas masas del Imperio Zarista.".

"Pero a no confundirse: los que le escriben los discursos a Milei tienen una avidez ideológica limitada y condicionada, porque parten de un supuesto político no sometido a la discusión racional: ellos sirven a la derecha contra revolucionaria global, no a ninguna revolución a favor de ningún oprimido. Sus obsesiones políticas van en la dirección que el norteamericano Steve Bannon ha señalado: transformar las instituciones globales con determinación y audacia, abandonando los supuestos democrático-liberales, para profundizar el dominio del capital sobre todo el resto de los actores sociales.".

"Milei, con su parafernalia leninista, sólo expresa la determinación del capital local e internacional de ejercer toda la violencia que haga falta sobre el resto de la sociedad, para maximizar las ganancias de grupos empresariales muy reducidos, reproduciendo localmente la tendencia que se verifica en el capitalismo norteamericano. La separación de su discurso de la realidad representa una apuesta a una irracionalidad creciente de su audiencia, que por ahora no filtra lo que escucha.".

"Milei es el vocero de que se acabaron los buenos modos del “capitalismo democrático” en Argentina, porque es hora de forzar las cosas, y amedrentar a los gritos, insultos, amenazas y represiones a una población que oscila entre la credulidad y el estupor. Claro, esto puede ocurrir en el vacío de fuerzas políticas importantes que sean capaces de actualizar sus discursos y sus prácticas en consonancia con esta nueva realidad política e institucional salvaje que plantea el capitalismo actual.".

(Completo acá)