LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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jueves, 1 de enero de 2015

EL ESTALLIDO SOCIAL, SUSPENDIDO HASTA NUEVO AVISO


Contra todos los pronósticos de los agoreros de siempre, pasó el diciembre más tranquilo en años sin devaluación, ni corridas bancarias, ni acuartelamientos policiales ni saqueos; y los que nunca pegan una (o deseaban que todo se pudra y les falló) empiezan a salir de la perplejidad para ensayar alguna explicación, como hace acá La Nación con un racconto en el que aparece ausente toda mención al sustrato social que hubiera debido determinar -como algo inexorable- que se repitieran los saqueos.

Porque recordemos que el discurso apocalíptico se basaba en que la situación era explosiva, entre otras cosas porque el gobierno estaba descargando un ajuste salvaje sobre las espaldas de los sectores populares; que además veían amenazados sus ingresos por una inflación creciente y galopante y sus empleos por la perspectiva de despidos masivos; sin ninguna medida oficial para contrarrestar tan complejo panorama.

Medida que -si se mira desde la perspectiva de los reclamos- no llegó: no hubo aumento extraordinario de emergencia para los jubilados, ni bono navideño ni reapertura de las paritarias, y sin embargo, los saqueos brillaron por su ausencia; aun con cortes de luz en algunos puntos del conurbano y la Capital Federal.

En la nota se ensaya una explicación por el lado de la ley impulsada por el oficialismo (y con amplio consenso opositor, salvo excepciones documentadas en su momento acá)  para sancionar penalmente a los policías que hagan abandono injustificado del servicio; lo que supone entonces que los saqueos de estallido social espontáneo poco, y de aprovechamiento delictivo de las facilidades que brindaban ciudades desprotegidas por policías sediciosos, bastante.

Saqueos que además eran contabilizados a priori como parte de un combo fatal donde convergían varios frentes de conflicto simultáneo (que iban desde los fondos buitres hasta los formadores de precios, pasando por los movimientos piqueteros); que convergían en un único resultado posible: la salida anticipada de Cristina del gobierno, en medio de un estallido social, con represión y muertos incluidos

Un "estallido social" siempre en ciernes, o el "Argentinazo" en modo revival del 2001 siempre listo a desplegarse; según nos anuncian agoreros de toda laya, de derecha a izquierda.

Que en la Argentina subsisten situaciones de tremenda injusticia social es algo que ningún bien nacido puede ignorar o negar; tanto como que en la última década se han desplegado políticas públicas que permitieron recomponer tejido productivo, recuperar empleo, ampliar el piso de protección social desde el Estado, eliminar los niveles más extremos de indigencia; y reducir los de pobreza.

Algo que -con todas las turbulencias que atraviesa la economía- sigue en pie, en buena medida porque el gobierno se ha propuesto que así sea como norte político: podríamos decir nosotros que no hubo saqueos en diciembre porque se trabajó durante todo el año (y durante todos los años anteriores) para que no los hubiera. 

Es en este punto entonces donde las profecías del apocalipsis se estrellan contra la realidad, porque tienen mas de proyección de los deseos de los que las hacen, que de encarnadura en la realidad cotidiana. Algo parecido sucedió con los pronósticos sobre la evolución de las reservas, el dólar o la inflación; y por las mismas razones.

Tanto la derecha como ciertos sectores de la izquierda de éste país necesitan que todo vuele por los aires, por distintas razones; y por eso no debe extrañar que desde Altamira a Morales Solá profeticen todo el tiempo desastres que luego no suceden.

Y no suceden porque gobierna la Argentina un proyecto político con la voluntad suficiente como para intentar que no ocurran, empecinado en demostrar que un gobierno democrático puede trazar su propia hoja de ruta e intentar llevarla adelante -propósito no exento de tensiones y fracasos-; simplemente porque para eso lo votaron.

Para demostrar que lo del 2001 (que encandiló a muchos, en especial en la izquierda) lejos está de ser la normalidad democrática; y fue una excepcionalidad que no se repetirá con solo desearlo.

Excepcionalidad de la que además no supieron sacar -ninguno de ellos- las debidas enseñanzas políticas; como si lo hicieron Néstor Kirchner primero, y Cristina después.

Y por esa sencilla razón el presagio de Escribano -ya que de pronósticos fallidos hablamos- la habrá pifiado por más de once años; cuando Cristina culmine su mandato. 

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Y NO SE VINO



Quizás sea prematuro para decirlo, porque estamos en la mañana de Navidad; y todavía faltan un puñado de días para terminar un año difícil.

Pero lo cierto es que pasaron las fiestas, y antes de eso, el aniversario de aquel diciembre trágico del 2001 y no se produjo el tan ansiado -y deseado por muchos- estallido social.

Y que no se diga que fue porque los gobiernos (incluyendo el nacional) se apresuraron a mejorar los salarios de las fuerzas de seguridad para distender ese frente y utilizarlas para reprimir si fuera el caso, o para evitar que se repitieran las sediciones policiales que se replicaron hace poco en todo el país.

Porque con ese argumento no harían más que confirmar que de estallido social hubo poco, y de robo organizado aprovechando las zonas liberadas por la ausencia policial, mucho. 

En un país con muchos problemas (eso de que nosotros sostenemos un relato en el que todo está resuelto es un mito opositor), algunos de ellos graves, la mayoría de los argentinos apostó (como era de esperarse) a pasar las fiestas en paz.

Y el éxodo masivo a los lugares de veraneo, y los habituales amontonamientos de gente comprando regalos de último momento devolvieron la imagen de un país, si no plenamente feliz y conforme, muy pero muy lejos del infierno que nos pintan todos los días desde la tapas de los diarios.

Como fue el año pasado, y el anterior, y la mayor parte de los diciembre de esta última década.

Demostrando que en éste asunto del eterno retorno de la profecía del estallido social hay bastante de proyección de deseos, de gente que confunde eso (sus propios deseos) con la realidad.

Gente que metaboliza mal resultados electorales, o que pensó -como Escribano- que el kirchnerismo era otro intento fallido mas, que iba a durar un año; y para la cual su simple perduración desde entonces, supone poco menos que un suplicio. 

Que le asignó a las elecciones de éste año un carácter plebiscitario, de un modo tal que el lunes a la mañana, luego de que las urnas hablaran, Cristina no estaría mas en la Casa Rosada.

Pero las cosas son más complejas: la sociedad lo es, la construcción política también, y dentro de esa complejidad, el kirchnerismo; cono encarnación actual del peronismo en el gobierno.

Un proyecto político que -con marchas y contramarchas- ha introducido en el país cambios que terminaron conformando una Argentina distinta a la del 2001 (a la que siempre se evoca, desde el temor o desde el deseo); y para nosotros, claramente mejor. 

No perfecta, mejor.

Este último aspecto incluso corroborado por el pueblo argentino en forma mayoritaria, en dos elecciones presidenciales; zanjando todo debate al respecto, al menos en términos de legitimidad democrática.

Y un país al que le esperan por delante desafíos mayúsculos, algunos de larga data, otro producidos por el crecimiento y el modo en que salió de la crisis del 2001, que generan nuevas demandas; porque de eso se trata la evolución de las sociedades, y el rol de la política es estar atenta para interpretarla y darle respuestas.

Pero al mismo tiempo un país en trance de maduración, que de a poco entiende que aquéllos días del 2001 fueron de excepcionalidad, porque se derrumbaba una experiencia política y social que trascendía al gobierno de la Alianza, y que fue nefasta para las mayorías nacionales.

Si se comprende ese carácter excepcional, es posible que muchos maduren superando la pulsión de ver sus deseos íntimos transformados en realidad, y aun desde otra perspectiva distinta a la nuestra, se dediquen a construir en serio un país mejor; sin apostar al eterno fracaso, sólo para probar que tenían razón.