LA FRASE

"EN ÉSTE PAÍS NO SE PUEDE TENER MENTALIDAD EMPRENDEDORA Y ARRIESGARSE EN LA BÚSQUEDA DE NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS PORQUE ENSEGUIDA TE DESTRUYEN CON LA MÁQUINA DE IMPEDIR." (JOAQUÍN BENEGAS LYNCH)
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jueves, 28 de diciembre de 2017

EL ROMPECABEZAS OPOSITOR


La foto de apertura en aquella madrugada en la que fracasó el primer intento del gobierno por aprobar la reforma previsional en Diputados entusiasmó a más de uno, porque expresaba la posibilidad de un nuevo escenario de convergencia opositora más amplia para frenarlo, o dificultarle avanzar en el Congreso.

Pero el entusiasmo duró poco: inmediatamente después -en la continuidad de la misma sesión- al tratar la reforma tributaria y luego el presupuesto, el massismo volvió a las andadas; y los números del oficialismo fueron más holgados: el Congreso fue así un claro reflejo de lo mucho que aun falta por avanzar en la construcción de una oposición en condiciones de disputarle agenda al gobierno; y de construir más adelante una alternativa electoral para el 2019.

Se vienen por delante dos años de tensión y conflictividad social en creciente aumento, sin elecciones a la vista, con segura proliferación de protestas y movilizaciones callejeras, y con un Congreso que está por verse cuanto, cuando y como funciona: la maratón legislativa de fin de año está a punto de terminar, y todo parece indicar que luego el gobierno optará por clausurarlo; apelando para ello a las delegaciones legislativas y habilitaciones reglamentarias contenidas en el presupuesto (sobre todo en materia de endeudamiento), como bien explica acá Sebastián Soler.

Aun así, seguirá revistiendo importancia como tribuna de exposición de los mensajes políticos, siempre que el blindaje mediático pueda ser perforado: ver si no lo sucedido con la primera exposición de Cristina en el Senado, que hizo que dos más dos volviera a ser cuatro al sostener que a los opositores se los vota -justamente- para que se opongan al gobierno. Los opositores (la mayoría, al menos) podrán converger en el Congreso y eventualmente en la calle, si deciden poner el cuerpo en el acompañamiento de la segura protesta social contra el ajuste.

Dentro del amplio espectro opositor hay que diferenciar a su vez a la izquierda del resto; porque por las particularidades de su construcción política e incluso por su propia visión ideológica de como son las cosas, es poco probable que se preste a confluir en una unidad opositora amplia, más allá de algún voto compartido en el Congreso. En el amplio mundo de "los peronismos" que va desde el kirchnerismo hasta el massismo en reformulación, en cambio, el panorama es distinto.

Claro que eso exige algunas definiciones de determinados actores políticos como Sergio Massa o Florencio Randazzo. ¿Seguirá el Kennedy de Nordelta, ya sin la visibilidad de una banca en el Congreso, apostando a hacer macrismo "con preocupación social", pretendiendo morderle voto al oficialismo con su mismo discurso de denigrar en bloque a la experiencia kirchnerista de la cual fue parte hasta el 2013, mientras le presta gobernabilidad al gobierno?

¿Randazzo volverá a tomarse un año y medio sabático de silencio para reaparecer en el próximo turno electoral, blandiendo aspiraciones personales de máxima innegociables, y reclamando una interna para saldarlas; o por el contrario tomará una participación más activa contra el gobierno, aunque no le reporte beneficios en lo personal? Por lo pronto su único diputado ("Bali" Bucca) se acaba de sumar al "bloque federal" de los gobernadores, y votó a favor el presupuesto, la reforma tributaria y el pacto fiscal.

Conste que ni siquiera se les reclama -como correspondería- algún pronunciamiento o definición condenando la existencia de presos políticos en el país, o las constantes degradaciones al estado de derecho provocadas o alentadas por el gobierno. Basta simplemente con acordar una estrategia opositora en la coyuntura, y eventuales coincidencias en un programa para salir de la crisis, en el próximo turno electoral.

En el inventario del espectro opositor no sería del todo correcto incluir al grupo de gobernadores del PJ que se han mostrado tan incapaces de construir liderazgos y referencias alternativas a Cristina, como útiles antes que para construir oposición, para suplementar al oficialismo, en especial en el Congreso. 

Apurado por Servini de Cubría que amenazaba con cancelarle la personería electoral, el PJ cerró a principios del gobierno de Macri una lista de unidad "con todos adentro" de la que el kirchnerismo no aceptó participar, y en la que Pichetto fue designado "secretario de Acción Política" para "articular los reclamos de los gobernadores ante el gobierno nacional"; pero terminó convertido en el Paladino del Lanusse Macri, sin que se vislumbre por contrpartida del otro lado el Perón que conduzca la estrategia de vinculación con el gobierno.

Aunque más no sea por las mismas razones de índole burocrática (es el partido al fin y al cabo el que debe decidir el sello bajo el cual competir en elecciones, las posibles alianzas electorales y la plataforma a impulsar), el Consejo Nacional del PJ debería reunirse al menos de vez en cuando para dar signos de vida; y especialmente para darse una discusión política que permita ordenar esa bolsa de gatos donde el presidente formal (Gioja) revista en el bloque opositor en el Congreso y critica al gobierno, y la mayoría de los consejeros aprueban o respaldan todos los proyectos de ese mismo gobierno.  

Algo similar ocurre con la CGT, donde se suceden los intentos por resucitar al triunvirato de su crisis terminal (ahora salen a la palestra los artífices originales del acuerdo de unidad, como Moyano y Barrionuevo), mientras la rebelión crece desde abajo, en las delegaciones regionales y la Corriente Federal; y experiencias como la del Movimiento Obrero Santafesino (donde confluyen sectores de la CGT y las dos CTA) se replican en Entre Ríos y la Patagonia, demostrando que la reacción de las bases afectadas por el ajuste supera la complicidad de los dirigentes con el mismo.

Claro está que las transformaciones en las organizaciones del movimiento obrero vendrán más dadas por la dinámica sindical que por la política, y es lógico que así sea: tienen por delante desafíos cruciales como la reforma laboral y el intento de diseminarla hacia la flexibilización de cada convenio colectivo, y paritarias que se avirozan durísimas en un contexto de inflación en alza e intención del gobierno de ponerles cepo a los reclamos salariales. Pero más tarde o más temprano esos dos universos opositores -el sindical y el político- tendrán que confluir, y no solo en la movilización callejera.

Sin embargo más allá de los posibles acuerdos de cúpulas y de dirigentes, a lo que hay que prestarle atención preferente es a los cambios de humor que se están verificando en la sociedad, a medida que el gobierno profundiza el contenido regresivo de su gestión, y pierde apoyos que no provienen del núcleo duro de los convencidos.

Una propuesta opositora no puede basarse simplemente en la denuncia o la simple crítica del proyecto gobernante: está visto que los numerosos casos de corrupción no le hacen mella, y es muy posible que insistir en ellos termine alimentando la antipolítica más que la migración al voto opositor; mientras que el señalamiento puntual de los estropicios económicos y sociales que causan las políticas oficiales -que sin dudas debe seguirse haciendo- requiere que los eventuales interlocutores empiecen a sentirlos en carne propia; pues de lo contrario podemos quedar como el cuento del pastorcito y el lobo, o como Carrió durante el kirchnerismo anunciando el apocalipsis inminente a cada paso.

Es imprescindible alumbrar -junto con una arquitectura opositora competitiva- una propuesta, que implique una salida al desastre neoliberal para el país, y una luz al final del túnel para millones de argentinos: nadie logra que lo voten, si no consigue enamorar con su propuesta.

No podemos caer en el error de suponer que todos los enojados con el gobierno vendrán  mágicamente hacia nosotros, o volverán al compás de los desastres macristas los que nos votaron el 54 % del 2011 y luego se fueron; del mismo modo que los demás sectores opositores (el massismo y los otros sectores del peronismo en primer lugar) deben desechar por absurda la idea de borrar el kirchnerismo de la historia y de la memoria, como si no hubiera existido.

No se trata de reclamar una reivindicación en bloque de ese proceso histórico, ni siquiera de sus figuras principales como Néstor y Cristina; sino de sostener ideas, concreciones, políticas, derechos y avances que constituyeron un piso de avance hacia una democracia inclusiva; tanto como la plataforma desde la que ensayar la defensa de hoy contra el avance neoliberal, y la construcción de la propuesta de mañana para salir del embrollo en el que nos han colocado Macri y su gobierno. 

Las candidaturas que la encarnen -un debate que suele dividir y fragmentar, cuando lo que se necesita es acumular masa crítica opositora- vendrán mucho después, y como consecuencia. Lo contrario sería poner el carro antes de los caballos.

martes, 12 de septiembre de 2017

LA CARTA ESTÁ ECHADA


Sobre la carta abierta de Cristina ayer (leerla completa acá) convocando a todos los sectores de la oposición a concentrar el voto contra el gobierno en las listas de Unidad Ciudadana en la provincia de Buenos Aires, empecemos por firmar al pie esto que dice acá Baleno: la contundencia del texto radica en que dice cosas que todos saben, pero que no todos se animan a poner en palabras.

Hoy por hoy, la fragmentación opositora es un activo indispensable para el gobierno, y el reaseguro más al alcance de su mano de una victoria que legitime el tremendo ajuste que prepara para después de las urnas, y que ya están preanunciando, de un modo u otro. El que no lo ve, es porque no quiere.

Y si no convoca ella a la unidad opositora (parada en los mas de tres millones de votos que le hicieron ganar las PASO) ¿quién lo haría, Massa o Randazzo, suponiendo que además les interesara hacerlo?

Parece obvio decir que esta elección es crucial por esas razones, pero Cristina tuvo que decirlo porque hay quienes -en el campo formalmente opositor al gobierno- parecen no advertirlo, y siguen jugando a otra cosa; sea a continuar lamentándose por la derrota del 2015 y reclamando autocríticas, sea "apostando a la construcción de algo nuevo", sea peinándose para la foto del 2019, para lo cual todavía faltan dos años, lo que en la Argentina y en política equivale a un siglo.

Dos años pasaron entre el fulgurante triunfo de Alfonsín en el 85' de la mano del Plan Austral, a su derrota en Buenos Aires a manos de Cafiero (esa que los peronismos conmemoraron justo hace unos días), que fue el preludio de su debacle final; así como dos años pasaron desde el rotundo triunfo de De La Rúa hasta su huida en helicóptero de la Casa Rosada, y menos de eso desde su salida hasta la llegada de Néstor Kirchner, con apenas el 22 % de los votos.

Dos años pasaron desde la derrota del propio Néstor a manos de De Narváez en Buenos Aires al 54 % de Cristina en todo el país, y otros dos años desde entonces, a la derrota del kirchnerismo en la misma PBA por más de 10 puntos a manos de Massa; que mas o menos en ese tiempo consumió buena parte de su capital político: así de dinámica y cambiante es la cosa, como para andar especulando con lo que pasó hace dos años, o lo que puede llegar a pasar dentro de otros dos.

La cosa -como diría Macri- es acá y es ahora, y la única forma de frenar este modelo de exclusión social, destrucción del tejido productivo y laboral, endeudamiento y fuga y autoritarismo político es derrotando a "Cambiemos" en las urnas, del modo más contundente que sea posible; y si no lo fuera, aunque sea por un puñado de votos. 

No hay lugar para especulaciones menores, ni para votos tirados; a menos que uno ande en otra cosa, y no le interese frenar a Macri.

¿Puede suponer alguien que no conoce Cristina los bueyes con los que ara, o que no se esperaba respuestas como la de Massa a su convocatoria?

En público y para la tribuna la convocatoria es para los dirigentes, para que eleven la mira y comprendan que la polarización (si quieren llámenla la grieta) no la inventó el kirchnerismo ni el gobierno, sino que es real y está instalada en la sociedad: allí están las distintas reacciones ante la desaparición de Santiago Maldonado para confirmarlo, por si quedaran dudas.

Y hablando de Santiago: hundido en el fangal del encubrimiento (siendo generosos) a la gendarmería, el gobierno se hace tiempo para seguir demonizando al kirchnerismo, y acusarlo ahora de promover un clima de violencia política en el país con la exclusiva finalidad de desestabilizar al gobierno.

En ese contexto bochornoso, el opositor que no se muestra dispuesto a acordar nada con el kirchnerismo (ni si siquiera una estrategia electoral de coyuntura) está implícitamente admitiendo que comparte esa lógica, que expulsa al adversario político de los límites del debate democrático, para negarle entidad y excluirlo de la legitimidad para reclamar el voto ciudadano

Está claro que el mensaje de la carta de Cristina va más allá de los dirigentes opositores, y por encima de sus respuestas a la convocatoria: está dirigido a los votantes; porque de nada valdría una foto de un montón de dirigentes opositores juntos, si la sociedad no entiende la necesidad de unificar el voto contra el gobierno, para ponerle un freno a Macri.  

Y por eso Cristina dio el paso: para vean que nosotros, los presuntos sectarios, pedimos unidad de acción, los calificados como soberbios admitimos que nadie se desdiga de lo que dijo, ni deshaga lo que hizo: simplemente estamos pidiendo un gesto si no de grandeza, por lo menos de inteligencia política. Un paso que nos permitirá decir justamente eso: que no dejamos de intentarlo.

Hecho lo cual hay que arremangarse (y no solo en Buenos Aires) para ir en busca de los votos que hacen falta, para derrotar al gobierno; aunque no se nos escapa que es el bonaerense el principal teatro de operaciones de la batalla: perder allí, y contra Cristina, sería un golpe que el gobierno no podría absorber, aunque le fuera bien en el resto del país.

Por supuesto que la estrategia de la polarización es riesgosa, y puede terminar favoreciendo al gobierno si logra sumar más voluntades en contra de CFK que de Macri, pero no es que quede otra disponible, tal como están las cosas. Sin perder de vista lo dicho en relación al hoy lejanísimo 2019, y como decía Perón, "si tenemos razón volveremos, y si no tenemos razón, es mejor que no volvamos".

Y en política democracia tiene razón el que gana, porque lo vota la gente; aunque los demás tengan todo el derecho del mundo de negarse a esa razón, y combatirla.

domingo, 6 de marzo de 2016

PATRIOTAS DEL DERECHO


Sobre la masiva designación de funcionarios del gobierno de Macri provenientes del sector privado, leemos enEl Cronista: “Durante los últimos años del modelo kirchnerista, la abogacía corporativa padeció la fuga de profesionales jóvenes a las líneas del sector público, que ofrecía una paga considerablemente mejor y un horario de trabajo que, en no pocos casos, representaba la mitad de las horas de práctica en una firma en el sector privado.
Con la llegada de Cambiemos al poder, ese modelo, valga la redundancia, cambió. Pero lejos de revertirse la tendencia migratoria o de verse frentes marchitas de jóvenes profesionales golpeando nuevamente la puerta de los estudios, lo que se viene dando en los últimos meses es una chorrera de socios y directores de legales que decidieron cruzar la famosa línea divisoria del mostrador, en busca de mayores responsabilidades, menores salarios y ambientes de trabajo no siempre del todo amigables.
El más reciente y de los más comentados fue el de José Ignacio García Hamilton, quien dejó atrás 8 años y 11 meses como director de Asuntos Legales del Grupo Carrefour, para irse a la Secretaría de Comercio de la Nación. Allí es el flamante responsable de Legales & Relaciones Institucionales. García Hamilton había ingresado en el súper francés en 2004 como gerente del área.” (la negritas son nuestras)

Tenemos entonces que el kirchnerismo captaba abogados jóvenes ofreciéndoles (horror) mejores salarios y condiciones de trabajo que los grandes estudios jurídicos privados, que los tenían negreados cono pasantes.

Y ahora la migración del sector privado hacia el Estado sigue, aunque en éste caso los migrantes se encontrarán con mayores responsabilidades, menos sueldo y en peores ambientes de trabajo.

El artículo cita varios ejemplos concretos, entre ellos los de los nuevos responsables de la UIF analizados acá; y el que nosotros remarcamos: el que fuera por años Director de Asuntos Legales de Carrefour, ahora es el responsable del área legal y las “relaciones institucionales” (por ejemplo, con las grandes cadenas de supermercados) de ¡la Secretaría de Comercio!

¿Y cuáles serían -nos preguntamos nosotros- las razones por los que esta buena gente acepta trabajar más y con más responsabilidad, para ganar menos?

Lo dice la misma nota: “Los motivos, dicen en sus entornos, están dados por el compromiso con lo público, con los valores que derraman desde Balcarce 50 y con la posibilidad de trascender siendo parte de un colectivo al que le auguran un futuro venturoso. En el peor de los casos, afirman, "de este Gobierno se puede volver tranquilamente al sector privado...” (con la satisfacción del deber cumplido, agregamos nosotros, siempre que tengamos en claro que deber, y con quien)

Unos auténticos patriotas. 

lunes, 16 de marzo de 2015

SE TERMINA DE ACOMODAR EL TABLERO


Que la UCR haya logrado concitar la atención de todo el mundillo político y mediático por la convención en la que sinceró su práctica imposibilidad de hacer surgir de su seno un candidato presidencial mínimamente competitivo, y discutió como rifarse al mejor postor, no deja de ser toda una paradoja; demostrativa de como están las cosas en la política argentina, en especial en el campo opositor.

La decisión de la convención nacional fue cantada, e importa un sinceramiento: con el triunfo de la postura de Sanz, la dirigencia de la UCR acompaña orgánicamente lo que buena parte de sus votantes decidieron hace tiempo, migrando hacia Mauricio Macri.

Porque de voto radical se nutrieron los abultados triunfos del PRO en la CABA, y de votos boinas blancas se nutre también la ilusión presidencial de Macri; que no registra postulaciones nacionales anteriores para tener como referencia, ya que declinó competir por la presidencia en 2011.

Por otra parte la decisión de la convención es coherente con lo que han sido hasta acá los votos de ambos (UCR y PRO) en el Congreso; con la solitaria excepción de la re-estatización de YPF, que fue en todo caso la excepción que confirmó la regla: ambas fuerzas votaron siempre en el mismo sentido, y constituyeron el núcleo duro de la oposición a las iniciativas legislativas del gobierno nacional.

Del mismo modo que el triunfo de la postura de Sanz unifica la dirección política del partido con la que antes vino siguiendo buena parte del "voto radical", Gualeguaychú marca también el final oficial de la ilusión socialdemócrata hacia el interior de la UCR, por cierto luego de que en la última década buena parte del voto alfonsinista migró al kirchnerismo; en tanto los gobiernos de Néstor y Cristina recogieron viejas banderas alfonsinistas, y las supieron llevar adelante.

Visto en una perspectiva histórica más amplia, lo que sucede con el radicalismo marca que cuando el peronismo más se parece más a sí mismo (como ocurre desde 2003, en que lo conduce el kirchnerismo), el radicalismo vuelve a capitalizar el voto conservador, y a ensayar nuevas formulaciones de la Unión Democrática; solo que ahora y como consecuencia del estrepitoso fracaso de sus dos últimas gestiones de gobierno, en un un rol subordinado y no articulador.

Claro que la decisión que tomó la convención de la UCR no estará exenta de tensiones hacia su interior, aun cuando haya dejado a salvo los acuerdos locales; y tampoco garantiza (como nunca lo hace plenamente una decisión de esas características) que el voto radical remanente (ese poco más del 10 % de Ricardito Alfonsín en 2011, que era realmente el que estaba en discusión) obedezca al mandato de la representación partidaria, a la hora de depositar la boleta en la urna.

En el marco de un intento general de reordenamiento del fragmentado espectro opositor, fueron quedando en el camino las candidaturas inviables de Binner y de Cobos; el primero porque las urgencias de la situación del socialismo en Santa Fe (seriamente amenazado por la candidatura de Del Sel) lo llamaron al pago chico (salvándolo del seguro papelón de encarnar la postulación de los retazos del FAUNEN), y el segundo no porque -como él mismo lo dijo al bajarse- no pudiera encarar una candidatura que iba en un sentido, cuando la postura orgánica del partido era otra; sino porque también estaba encaminada al fracaso, al no poder retener siquiera la totalidad de los votos de la UCR. 

Sergio Massa ha sido sin dudas el gran perdedor a partir de lo decidido en Gualeguaychú, y en todo caso la postura de Sanz prosperó en la discusión entre radicales porque hacia el interior de la UCR muchos dirigentes tomaron nota de que ya venía en picada en las encuestas.

Su intento de seducción a radicales del interior (como Morales en Jujuy o Cano en Tucumán) era el "plan B" al que tuvo que acudir de urgencia, luego de fracasado su intento de capitalizar lo que se suponía serían masivos garrochazos desde el kirchnerismo, tras las elecciones legislativas del 2013; y los acuerdos que logró urdir con algunos sectores radicales para atender situaciones locales suponían reciprocidad de apoyo en un eventual balotaje, algo que hoy parece utópico.

Para un candidatura que se planteó como "catch all", el fracaso no puede ser más notorio: si hasta lo que Néstor Kirchner denominaba "el peronismo del mausoleo" se organiza bajo la espectral conducción de Duhalde, para intentar negociar con Macri un eventual apoyo futuro, en el balotaje o en un más futuro e hipotético gobierno; haciendo valer en éste caso un puñado de bancas que retiene en el Congreso, en especial en el Senado.  

La pieza que falta para terminar de completar el tablero es la más importante, como que es la candidatura del kirchnerismo, y a tres meses del cierre de listas, está por verse como se salda la disputa al interior del oficialismo.

Tras los encontronazos entre Scioli y Randazzo, surgieron otras voces como la de Agustín Rossi (Jorge Taiana viene planteando lo mismo desde el lanzamiento de su postulación); sosteniendo la necesidad de bajar los decibeles de una disputa que amenazaba recalentarse (tras haber trabnscurrido meses de una paz inédita, tratándose del peronismo), y centrarse en el debate sobre las propuestas a futuro, dentro del contexto general de perseverancia en el rumbo trazado desde el 2003.

Sin embargo y como conclusión más importante a tener en cuenta -al menos en nuestra opinión- la velocidad con que el espectro opositor fue desbrozando la maleza de alineamientos y candidaturas en las últimas semanas es un indicador concreto de que la posibilidad de un nuevo triunfo kirchnerista en octubre no es algo lejano, ni mucho menos; como el mismo Sanz lo verbalizó en Gualeguaychú, al abogar por "una alianza opositora amplia".

domingo, 16 de noviembre de 2014

LA RECETA PARA UN GUISO INCOMIBLE


Como "demasiado voluntarista, acaso disparatado" calificaban ayer en Clarín la propuesta de algunos dirigentes radicales (los que vienen rosqueando con Massa, para ser más exactos) de hacer confluir a toda la oposición en una "mega interna" de todos contra todos; incluyendo al FAUNEN, al PRO y al Frente Renovador massista, para elegir una única fórmula presidencial que enfrente al kirchnerismo el año que viene en la general.

La verdad es que en la corneta trataron con suavidad (sin poder disimular el mamarracho, porque sería imposible) lo que es por un lado un globo de ensayo más; y por el otro, la confesión palmaria de que lo del "fin de ciclo" no estaríia tan próximo, y que si no se amontonan a como dé lugar, vuelven a perder.

Ojo: nada garantiza que aun haciéndolo no pierdan, o que les ocurra precisamente por eso, por amontonarse.

Este nuevo manotazo de ahogado es un intento a múltiples bandas de disimular fracasos varios del amplio y fragmentado espectro opositor, a saber:

* La crisis terminal de la UCR, que marcha a paso firme hacia su disolución (en términos prácticos) como partido nacional, para convertirse en una federación de cacicazgos provinciales; tratando cada uno por su lado de salvar la ropa apelando a las alianzas más impensadas, con tal de conservar algo, aunque fuera una intendencia.

* El rotundo y estrepitoso fracaso del experimento FAUNEN, un globo sonda que explotó antes de alzar vuelo por la hoguera de vanidades entre sus principales referentes; y porque cayeron en la cuenta de que no existe el supuesto bajo el cual se juntaron: un supuesto "voto pan-radical" disponible; que sumando los pedazos los colocaba en un segundo lugar, con expectativa de ganar en balotaje.

* La superchería de los famosos"acuerdos programáticos", "planes de gobierno" y "equipos técnicos"  que no existen, o se juntan para la foto: toda esa venta de humo (que tiende a dar la idea de que estarían en condiciones de gobernar) debe ir siempre detrás de los avances en la construcción política, nunca antes: ¿de qué valieron por ejemplo los "paneles temáticos" del FAUNEN exponiendo un plan económico o energético, si no pueden ponerse de acuerdo siquiera en qué alianzas armar?

* El rápido olvido de la idea massista de la "ancha avenida del medio" (una construcción en la que entrarían incluso los kirchneristas desencantados con el gobierno), porque escasearon los "garrochazos" desde el peronismo tras el triunfo en la provincia de Buenos Aires el año pasado; y porque toda idea de "caprilismo" (hacer campaña reconociendo los logros del kirchnerismo, pero señalando los supuestos "errores a corregir") quedó en la nada; devorada por la lógica política que presidió el debate nacional en todos estos años.

Massa tuvo que recalibrar su discurso, virando cada vez más -incluso en la gestualidad- hacia la derecha y el antikirchnerismo furioso, para aspirar a crecer dentro de la pecera opositora; y para eso pasó de buscar votos peronistas, a seducir dirigentes radicales.

La nota de Clarín daba cuenta que el único "no enterado" de la movida de esta especie de "interna abierta" de una gran Unión Democrática opositora es Macri; cosa dudosa porque vive en la palmera pero no tanto.

De todos modos, sería el menos interesado en la idea porque viene creciendo en los sondeos hasta colocarse como la principal alternativa electoral opositora; por efecto de los desaguisados del resto más que virtudes propias, o por el supuesto deseo del kirchnerismo de ubicarlo en ese rol.

Y si las cosas siguen así, podría acceder al balotaje sin necesidad de alquimias como la propuesta, confiando en nuclear en esa instancia la mayor parte del voto opositor al gobierno; tanto como que ahora está creciendo sobre la base de votos que fueron de la UCR, como apuntá acá Bruchstein.   

Los gestores de la idea (los radicales que arreglaron con Massa, probablemente a pedido de él) plantean la necesidad de avanzar ahora en "acuerdos", pensando en que el futuro Congreso que salga de las elecciones del 2015 será fragmentado; y habrá que generar consensos para poder aprobar las leyes.

Una cuestión que ya se reveló harto dificultosa con el famoso "Grupo A" del 2009-2011, mas aun si lo hay que impulsar es una agenda de gobierno; y no proyectos para dinamitar una gestión desde el Congreso, como el fantasmagórico 82 % móvil sin financiamiento.

No hablemos ya de los resultados de este tipo de experiencias cuando logran llegar al gobierno: habrá que agradecerles a estos muchachos que acerquen el recuerdo de la Alianza que explotó en el 2001; en éste caso con Massa como una especie de "Chacho" Alvarez de Nordelta, gestando acuerdos con la UCR.

Tampoco hay que descartar que en el lanzamiento de estos ensayos hay ciertos "pedidos" de algunos poderosos grupos empresarios (como Techint, por ejemplo) que ponen plata en todas las campañas (muchas veces, al pedo; pero como les sobra no se preocupan), e intentan influir en una dirección que creen les permitirá recuperar con creces la inversión.

Porque no hay que engañarse: si hay trabas para la conformación de una "mega entente" opositora no vienen precisamente por el lado del supuesto y futuro "programa de gobierno": si es por eso, ya han desfilado todos por el coloquio de IDEA o la "escuelita" de Clarín en el MALBA, y están perfectamente avisados de lo que tienen que hacer; llegado el caso.  

A lo mejor si los dejamos seguir solos por este camino nos terminan haciendo la campaña: por momentos pareciera que nadie hace lo que hacen ellos, para terminar de convencer a la gente de que el único que puede gobernar este país, es el peronismo.

lunes, 19 de agosto de 2013

GOLPISMO BIZARRO


No hay otro modo de calificar esta nota de La Nación de hoy, a la que corresponde la imagen de apertura; que da cuenta de la presunta intención de "la oposición" (como si tal cosa existiera, y no una bolsa de gatos peleados entre ellos) de ocupar la presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación.

Bizarro es ya el título, que da que pensar que las elecciones de octubre ya se hicieron, que en ellas la oposición se presentará como un sólo conjunto político (que abarcaría desde Carrió hasta Altamira) y que tiene ya, más bancas que el oficialismo; cuando de hecho si se repitieran los resultados de las PASO, el kirchnerismo con sus aliados aumentaría el número de bancas, y tendría quórum propio.

Bizarros son los personajes que desfilan en la nota, como la inefable Pato Bullrich (la arquitecta del fallido y hoy disuelto "Grupo A"), que en ésta oportunidad (por ahora, sólo por ahora, como diría Marcelo Araujo) se alió al PRO, que corre el riesgo en octubre de perder la CABA a manos de UNEN, no del kirchnerismo, o sea que los que se disputan en Capital el éxito se unirían para arrebatarle al gobierno la presidencia de la Cámara; que además (cabe recordarlo) está en la línea de sucesión presidencial.

Otro tanto puede decirse de los cordobeses: en la idea de rapiñar la presidencia de Diputados (reiteramos: antes de que hayamos contado los votos, y sepamos cuantas bancas tiene cada uno) se ponen de acuerdo Aguad, De La Sota y Schiaretti; que en Córdoba se tiraron durante la campaña con misiles de todo calibre, pero recorren los 700 kilómetros que separan a la docta del Congreso, y se convierten en grandes amigos.

Lo mismo que Felipe Solá (otro saltimbanqui profesional) y De Narváez en la PBA, dos que en la misma nota están de acuerdo en ese punto; o que Gabriela Michetti (¿si la nombran presidenta irá a las sesiones?) o "Pino" Solanas, que además de competir entre sí en la CABA, no son candidatos a diputados, sino a senadores.

Muy poco serio, muy bizarro todo; como echarle la culpa al gobierno (como hace Patricia Bullrich) del estrepitoso fracaso del "Grupo A", que sólo logró ponerse de acuerdo en dos años, en impulsar el 82 % móvil sin decir jamás de dónde saldría la plata para pagarlo; como si el gobierno tuviera que darles quórum o facilitarles el camino en el Congreso, para que lo torpedeen o le impongan el rumbo.

Estafan a la gente cuando se presentan separados a las elecciones (compitiendo entre sí en todos los distritos), luego de haber boicoteado la reforma del Consejo de la Magistratura que establecía la única elección que tomaba al país como distrito único; porque, entre otras cosas, no se ponían  de acuerdo en armar una lista única de consejeros para enfrentar al kirchnerismo.

Y también la estafan prometiendo cosas que no podrán cumplir por cuanto, aunque lograran el control de la Cámara e impusieran sus proyectos, Cristina los vetaría (usando ni mas ni menos que los atributos que la Constitución le otorga, y el 54 % que le dio el pueblo para ser presidenta, por cuatro años), y no lograrían juntar los dos tercios para insistir.

Un completo y absoluto mamarracho, a la altura de este rejuntado de impresentables.

Nosotros perdimos por errores propios, y no lo ocultamos, pero eso no los convierte a ellos en mejores de lo que son.

Todavía no cazaron al oso y ya están vendiendo la piel, los "republicanos" estos.

En diciembre del 2015 el kirchnerismo (por lo menos Cristina) ya no será gobierno, pero que después nadie se haga el sorprendido (o niegue que los votó, como a Menem o De La Rúa) si alguno de estos esperpentos (o peor aun, un rejuntado de varios de ellos) llega al gobierno. 

sábado, 8 de junio de 2013

AMPLÍSIMO


Tan, pero tan amplio, que hasta entraron la UCR y la Coalición Cívica, que si son de centroizquierda, nosotros somos miembros fundadores del Foro de San Pablo.

Y conste que no nos metemos con el socialismo, ni con el progresismo, ese oscuro objeto del deseo; de inasible definición.  

viernes, 17 de mayo de 2013

LA NACIÓN, LA UNIDAD OPOSITORA Y EL CAPITALISMO DE AMIGOS


Leemos en la tribuna de doctrina la satisfacción del diario por la unidad opositora, en éste caso para anunciar que -si lograran la mayoría del Congreso- derogarán la aun no sancionada ley de blanqueo; a la cual LN entiende exclusivamente pensada para favorecer "el capitalismo de amigos".  

Es curiosa además la preocupación por la impunidad fiscal en el diario que logró evitar pagar impuestos, por una cautelar que duerme hace 10 años en los cajones de la Corte Suprema de Justicia, porque Escribano es cuñado de Fayt.

Y también es curioso que celebren la unidad opositora, porque ayer nomás, en ésta otra nota, el diario de los Mitre tomaba nota del despelote opositor, con revoleo de plumas y concheros para todos lados, a escasos días del cierre del plazo para oficializar alianzas para las elecciones legislativas: 


La preocupación de los medios opositores (entre ellos La Nación) por la unidad opositora (algo que se demuestra cada vez más inviable) no es nueva, y se suele disfrazar (como el guiño de Binner a Macri y el PRO) de "preocupación por las instituciones de la República amenazadas por la escalada dictatorial del gobierno, etc...".

Sin embargo en la nota a la que corresponde la imagen que encabeza el post, podemos ver que las preocupaciones reales que los mueven a urgir a las vedettongas opositoras a deponer problemas de cartel, son otras.

Al respecto leemos: "Un ejemplo reciente ayuda a comprender mejor por qué es imprescindible marchar unidos. Nos referimos a la reciente modificación de la legislación sobre mercado de capitales, por la que se confirieron facultades extraordinarias a la Comisión Nacional de Valores (CNV), entre ellas, la intervención en las empresas eliminando inconstitucionalmente la posibilidad de impugnar la gravísima medida en sede judicial, y pese a lo que ella significa respecto del cada vez más vulnerado derecho de propiedad.

Ocurre que hoy esa entidad reguladora puede, a su solo criterio y sin otorgar el imprescindible derecho de defensa, separar a los órganos de administración de las sociedades sujetas a su contralor, cuando ella entiende (bien o mal) que se han vulnerado los intereses de los accionistas minoritarios o los de los tenedores de títulos sujetos a oferta pública. Hay hasta quienes señalan alegremente que una disminución en la distribución de utilidades de una empresa podría justificar tamaño despropósito. Ello es inadmisible, desde que, en una economía deformada por los caprichos del Poder Ejecutivo, primero se puede forzar a una empresa a perder dinero para, enseguida, intervenirla por ese mismo motivo, lo que resulta claramente abusivo. Sin ir más lejos, es lo que el Gobierno ha tratado de lograr en la empresa Papel Prensa desde hace más de cuatro años. "

En buen romance: para La Nación es imperioso que los opositores se unan, para evitar que el Estado meta mano en Papel Prensa, y garantizarse de ese modo continuar con el pingüe negocio que la empresa (en la que son socios con Clarín) les representa desde hace más de 30 años.

Por esa razón en la misma nota fustigan a los opositores que votaron favorablemente (al menos en general) la Ley 26.831 que regula los mercados de capitales, y que la da a la CNV la facultad de intervenir en las empresas que cotizan en bolsa; como es el caso de Papel Prensa, entre otras.

Cuando la ley fue aprobada, nosotros señalábamos en éste post que bajo el pomposo título "Réquiem para el mercado de capitales" (por cierto: el Merval acumuló desde entonces un récord tras otro), en rigor lo que le preocupaba a La Nación era que el Estado metiera la nariz en sus negocios.  

El lobby fue tan intenso que, en oportunidad de discutirse la ley, lograron que los radicales (que habían votado a favor en Diputados), votaran en contra en el Senado; y por supuesto no fueron los únicos que hicieron lobby para que la ley (en especial el artículo 20) no se aprobara: que una de las empresas que se puede ver afectada porque tiene al Estado como accionista minoritario sea Ternium-Siderar (del Grupo Techint), y que el vocero de la UCR en el Senado -y su virtual candidato presidencial para el 2015- haya sido Ernesto Sanz, tampoco es casualidad.

Del mismo modo que tampoco es casualidad que el mamarrachesco DNU de Macri "defendiendo la libertad de expresión" proteja tanto los derechos de Clarín como los de La Nación, no sólo por su sociedad en Papel Prensa, sino también (como nos acotaba muy acertadamente un lector) para evitar ser embargado, en la eventualidad que algún día la AFIP logre levantar la cautelar que los protege desde hace una década.

Si uno analiza estos antecedentes, y los suma a lo que todos sabemos sobre el modo y el contexto en que La Nación y Clarín se hicieron con el control de Papel Prensa, cabe preguntarse donde está el verdadero capitalismo de amigos.  

viernes, 15 de marzo de 2013

¿CUÁNTAS DIVISIONES TIENE EL PAPA?


Por Raúl  Degrossi

La pregunta del título -se sabe- se le atribuye a Stalin, y aun cuando hay al menos tres versiones distintas sobre la ocasión en que la hizo, está claro que interpela sobre la capacidad concreta de influencia política de la iglesia católica; porque su decisión de jugar en ese terreno cuando lo cree conveniente, siempre estuvo fuera de discusión.

Y es pertinente a propósito de la elección de Bergoglio como Papa y su repercusión en  la Argentina; que es el aspecto que me interesa analizar acá, más allá de las razones (algunas que puedo suponer, otras inaccesibles al común de los mortales) que decidieron a los cardenales a optar por un argentino para reemplazar a Ratzinger.

Es indudable que un hecho de esa proyección histórica no puede no tener consecuencias políticas en el plano doméstico, y de hecho ya las está produciendo: hay un renovado ánimo en ciertos sectores de la clase media urbana (que no necesariamente son católicos, o practicantes), que parecen vivir una especie de revival de aquéllas jornadas de Corpus Christi del 55'; en una exagerada traspolación de tiempos históricos.

Incluso no faltan quienes atribuyen a la decisión del cónclave el propósito manifiesto de confrontar con el gobierno argentino y con Cristina en particular, lo que encierra en sí mismo un contrasentido: nos dicen todo el tiempo que estamos aislados del mundo y que somos un país irrelevante, pero al parecer, seríamos lo suficientemente importantes como para que la curia romana descargue todo su poder (cualquiera sea realmente éste) contra el proyecto político iniciado en el 2003, nada menos que a través de la elección de quien ha de conducirla.

En una visión más realista, la elección de Bergoglio seguramente tendrá efecto (por el rol que ahora pasa a jugar) en el desarrollo futuro de algunas discusiones pendientes en el país que son de especial interés para la iglesia, como la despenalización del aborto o la reforma del Código Civil.

Sin embargo, aun cuando el ahora Papa volcara (como de hecho lo hará) toda su influencia para congelar esos debates, lo cierto es que avanzarán o no de acuerdo al clima social imperante, y las viscisitudes propias de un año electoral: un elemental ejercicio de realismo político indica que el gobierno no alentará conflictos allí donde no los tiene; a lo que hay que añadir en el caso del aborto, las convicciones personales de Cristina ya explicitadas por ella misma, cuestión ésta última que no es una toma de postura personal, sino simplemente una constatación.

De paso, el ejemplo del Código Civil resulta oportuno para desmontar algunas lecturas en exceso simplificadas de la realidad: la elección de Bergoglio encuentra a Cristina planteando reformas en la justicia, que la llevaron a confrontar con Lorenzetti como cabeza de la Corte y representante autodeclarado de la corporación judicial. 

Sin embargo, el proyecto de reforma del Código Civil (en especial el régimen del matrimonio y las relaciones de familia) los unificó, y también la crítica frontal del entonces cardenal a la iniciativa: de hecho, Bergoglio fue más duro al respecto con el presidente de la Corte, que con la propia Cristina. La semana próxima ambos (Cristina y Lorenzetti) integrarán la comitiva oficial que asistirá a la asunción del nuevo Papa.

También es probable que la designación de un Papa argentino posponga el incipiente debate que se abría sobre el sostenimiento del culto católico (el propio Bergoglio percibe una asignación del Estado argentino como obispo, a partir de una ley de la última dictadura), que involucra además discutir una reforma constitucional; tema sensible si los hay.

No parece en cambio para nada probable que se produzcan -a partir de la presión ecleciástica, reforzada por un Papa argentino- retrocesos en otros avances logrados en estos años como el matrimonio igualitario: la  iglesia ha debido contentarse -en la Argentina y en el mundo- con convivir con normas dictadas por el poder político para regir a la sociedad civil con las que estaba en frontal desacuerdo, como el divorcio o la despenalización del aborto; y Bergoglio podrá ser cualquier cosa pero no se le puede desconocer inteligencia: no plantearía de nuevo una discusión que ya perdió, y en la que quedó mal parado; aunque luego pasara facturas hacia el interior de la conferencia episcopal, por haber errado la estrategia. 

Claro que además de Papa, Bergoglio es un jefe de Estado, que como tal tendrá relaciones de ese tenor con el gobierno argentino, con cuestiones urticantes pendientes, como la del obispado castrense; y otras que con el tiempo han perdido voltaje, como la designación de los obispos argentinos a partir del Concordato de 1966: allí tienen más para temer del dedo papal sus rivales en las disputas internas de la iglesia argentina (como el dinosaurio Aguer, arzobispo de La Plata), que el gobierno nacional.

Otro aspecto de no menor importancia lo constituye la continuidad de las causas por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura: a la postura tradicional de la iglesia de pedir por la "reconciliación" (léase la impunidad de los genocidas, que ya se "apropiaron" del Papa argentino), se suma que el nuevo Papa está personalmente involucrado en el asunto.

Siendo realistas respecto a los roles que han jugado en esas causas tanto la iglesia, como sectores de la justicia argentina, no parece muy probable esperar que la causa que afecta a Bergoglio avance al punto de sentar al Papa en el banquillo de los acusados; hecho que provocaría una verdadera conmoción de escala internacional. De hecho se puede percibir el inicio (sin demasiada sutileza) de una campaña mediática tendiente a olvidar el asunto; apelando incluso a la autoridad de personas como Pérez Esquivel.

De la que se prenden también algunos kirchneristas, que confunden  realpolitik con sobreactuación: si Bergoglio tuvo o no responsabilidad concreta en violaciones a los derechos humanos durante la dictadura es algo que deberá determinar la justicia, pero lo que es indudable es que fue un opositor decidido al proyecto político iniciado por Néstor Kirchner, y que hoy conduce Cristina. 

Mayor interés aun para el análisis tiene determinar el grado real de Influencia de la iglesia (vehiculizado eventualmente en este caso nada menos que por un Papa argentino) en las opciones electorales del común de la gente, y en las posibilidad de articulación de la dispersa oposición al kirchnerismo.

Lo primero está directamente vinculado al clima de época, que marca claramente (al menos hasta el momento de la elección de Bergoglio) una creciente pérdida de influencia de la iglesia en el pensamiento y las decisiones (de vida cotidiana y de preferencias electorales) de la mayoría de los ciudadanos, incluso de los propios católicos: no parece que eso vaya a cambiar drásticamente, porque el Papa sea argentino, porque lo que está cuestionado socialmente es la propia institución. 

Y con relación al rol de articulador del espacio opositor que el propio Bergoglio se impuso en su paso por el arzobispado porteño, adhiero a lo que marca acá Gerardo: no parece que -aunque se lo propusiera- el nuevo Papa lograra el milagro de dotar de cohesión y coherencia al archipiélago opositor al kirchnerismo. 

Sucede al respecto lo mismo que pasó con otros articuladores no institucionales del campo opositor, como las patronales del campo (un ejemplo claramente irrepetible) o los medios tradicionales, que además reemplazaron en el tiempo a Bergoglio como gestores de la unidad opositora, justamente por su fracaso en ese rol: el cierre de listas para las elecciones (ese momento en el que todos empiezan a los codazos para entrar en lugares expectables) no se hará en Roma, ni habrá que esperar a los resultados de las mesas del Vaticano (como aquella mítica de Necochea), para saber como queda compuesto el tablero político e institucional del país.

Con lo que la pregunta de Stalin del principio debería reformularse, para indagar acerca de cuantos votos aporta el Papa; y de donde provendrían: la similitud en éste caso con el movimiento cacerolero es nítida, en tanto todo indica que, quienes podrían orientar su voto en función de lo que haga o diga Bergoglio desde Roma, mayoritariamente ya adversan al kirchnerismo.

Lo que no quita que la Santa Sede pase a cumplir -en lo sucesivo- el papel que tenía Puerta de Hierro en los 60' y 70': todo opositor que se precie -e anche algún oficialista- querrá tener su foto con el nuevo Papa; y cada renglón de cada discurso de Bergoglio será amplificado y resignificado en clave local, para validar a los opositores (incluyendo a los medios) en su cruzada contra el kirchnerismo: una actitud que, si se exagera como es esperable, puede derivar en algún frenazo del propio Bergoglio (con los modos eclesiales, claro); que ahora debe jugar en un tablero político bastante más amplio que la política nacional.  

Y que tendrá que atender además de inmediato, a otras prioridades, sumida como está la iglesia católica en una crisis tan profunda, que forzó la renuncia de Ratzinger por su impotencia para encararla y resolverla.

Y para concluir, una cuestión más interesante y para analizar a futuro (cuando Bergoglio empiece a dar señales más concretas de lo que hará como Papa) es ver en que medida la elección de un argentino para comandar la iglesia católica, no es parte de una estrategia más general hacia Latinoamérica y los movimientos políticos emergidos al calor de la crisis de las políticas neoliberales; del mismo modo que la elección de Juan Pablo II en los 70' se inscribió en el contexto de la embestida de las potencias capitalistas occidentales contra los socialismos reales que gobernaban en Europa del este, aunque su influencia real en su colapso sea materia de discusión.

Una estrategia no necesariamente diseñada desde el corazón de la curia romana, pero de la que ésta participe voluntariamente; considerando que los primeros años del siglo XXI encontraron a la iglesia católica en América Latina (como en el resto del mundo) centrada en sus propios y graves problemas internos, y cumpliendo un rol políticamente secundario y -casi sin excepciones- opositor a los nuevos populismos gobernantes en la región.

viernes, 8 de marzo de 2013

LA DIGNIDAD DE IRTE CUANDO TE PEGAN UNA PATADA EN EL CULO


La imagen de apertura da cuenta de la tenida gastronómica en Expoagro entre el niño Mauricio y el pálido Lavagna, dos que vienen coqueteando para los fotógrafos desde hace un tiempo.

Con la previsible incomodidad de Melconián (en el círculo rojo, al lado de uno de los mozos del servicio, que se sentó a descansar de su turno, increíblemente parecido a "Dientito" De Angeli), desplazado de la cercanía con Mauricio dentro del panel de economistas.

En un punto se entiende: cuando intentó lanzarse a la arena electoral (como candidato a senador del PRO en la capital, allá por el 2007), muy bien que digamos no le fue, por eso ahora lo pasarían a la provincia; donde todo indica, le irá peor: Mauricio es así, un estratega de aquéllos.

También se entiende que Lavagna abra el paraguas diciendo que no será candidato por otro partido que no sea el peronismo (por cual, es un misterio aun no develado), considerando que, cuando lo intentó por la UCR integrando fórmula nada menos que con Gerardo Morales, tampoco le fue demasiado bien; al menos considerando el resultado desde las proyecciones de su propio ego.

Aunque pensándolo bien, si vemos esta foto (que se la afanamos al amigo Daniel) podemos hacernos una idea del peronismo con el cual Lavagna se siente más cómodo:


El Tío Tom Venegas, y Amadeo, el hombre de las desmesuras históricas: ¿habrá sido una reunión de egresados del duhaldismo? (a Escribano, al lado de Macri, se lo ve como alcanzado por los efectos del alcohol).

Lo que no se entiende mucho en cambio, es el revisionismo histórico de Macri sobre la salida de Lavagna del gobierno de Kirchner; que el líder PRO presenta casi como un renunciamiento histórico del "Pálido", en defensa de sus convicciones y principios; cuando la realidad fue bien distinta, como vemos acá:


Como vemos además, el raje de Lavagna estuvo vinculado al fracaso de su política para contener la inflación  (como lo recordaba también acá Artemio), y sus coqueteos con los supermercadistas y demás empresarios formadores de precios.

Y por si alguno le quedara alguna duda (atento al tiempo transcurrido) del verdadero contexto de la ida de Lavagna del Ministerio de Economía en el gobierno de Néstor, acá el propio rajado confirma como fueron las cosas:


miércoles, 19 de septiembre de 2012

NO LOS UNE EL AMOR Y TAMPOCO EL ESPANTO


Si nos guiáramos estrictamente por la información que se consigna en esta nota de La Nación de hoy, respecto a los movimientos que se están dando en el campo opositor (es decir sin apelar a ningún informe de "6 7 8", o artículo de Página 12 o Tiempo Argentino), la única conclusión posible es clarísima: la oposición al kirchnerismo es una auténtica bolsa de gatos; un desfile interminable de primas donnas de ego inflamado que se creen todos estadistas inconmensurables, al pie de los cuales deben ir todos los demás, para vertebrar una alternativa al proyecto nacional.

Y si bien eso es cierto, la realidad es mucho peor: desde el 23 de octubre para acá, la oposición (en su totalidad, con los matices de cada uno) no ha dado un sólo paso serio y consistente que revele que entendieron el mensaje de las urnas, que hicieron autocrítica de sus fracasos reiterados y -en consecuencia con eso- tampoco hicieron el más mínimo ensayo de corrección del rumbo.

No tomaron en cuenta por ejemplo que parte del rechazo electoral que sufrieron tuvo que ver con que la unidad de amontonamiento del llamado "Grupo A" terminó en un estrepitoso fracaso, cuando luego de controlar por dos años el Congreso, se pegaron sucesivos helados en la frente y lo único que pudieron alumbrar fue el mamarrochoso proyecto del 82 % móvil para los jubilados sin financiamiento alguno, vetado por Cristina.

Es tal el patetismo que -como da cuenta la nota- no logran siquiera articular una estrategia común ante lo que denominan la ofensiva del kirchnerismo por la reforma constitucional y la re-reelección, tema que de hecho han contribuido más ellos a instalar (y los medios hegemónicos que les siguen marcando la cancha) que el propio oficialismo, con una mezcla de temor a otro triunfo de Cristina, con impotencia para instalar su propia agenda.

Y en ese marasmo, recién desayunados del hecho de que los cacerolazos también fueron dirigidos contra ellos, se apuran a interpretarlos de un modo tal que aparezcan legitimando sus operetas, algo así como "hagamos tal cosa, porque es lo que pidió la gente en las marchas"; como vemos acá en la convocatoria del GAPU, ese engendro cocinado entre el PRO y los peronistas disidentes (disidentes de todo lo que huela a peronismo), para ser conducido por la saltimbanqui serial Patricia Bullrich, que representa allí al "tercer sector": ella misma:


Cuando en realidad el cacerolo promedio (el que le desea la muerte a Cristina) lo que quisiera hoy por hoy es ponerles un pan de trotyl en el ojete a cada uno de éstos nabos, más que esperanzarse con "un acuerdo de unidad opositora".

Rejunte tras rejunte de figurones,  figuritas y figurettis sin capital electoral propio (la mayoría no mueven el amperímetro ni en la elección de una vecinal), con conferencias de prensa y convocatorias a la unidad opositora lanzadas por los medios, y prenderse en las redes sociales para surfear sobre la ola de los cacerolos ("los partidos políticos y las organizaciones sociales trabajan en paralelo", dice el documento), mientras protagonizan papelón tras papelón en el Congreso (no porque pierdan las votaciones, sino porque se dividen en cada una, peléandose más entre ellos que con el oficialismo), no parecen el mejor camino para recuperar capital político y electoral.

Ni siquiera para frenar la supuesta embestida oficial por la re-reelección: la mayoría de estos personajes y partidos (sellos de goma en muchos casos) jugarán sus bancas en las elecciones del año que viene (para las que Pino Solanas ya lanzó su candidatura por Proyecto Yo, para ser senador hasta los 83 años, como Menem), con grandes chances de perderlas, acrecentando las chances del gobierno de llegar a los dos tercios de cada Cámara (algo difícil, pero no imposible).  

Y cuando se acerquen las elecciones, y haya que armar las listas, y los casilleros expectables sean pocos (y limitados a las provincias de la pampa húmeda), todos los intentos de acercamiento para forjar una unidad (aunque sea pegada con moco) se van a ir por la canaleta de las ambiciones personales, y de las becas, contratos y subsidios que vienen anexados a cada banca: esa es la simple y dura realidad, que explica el fracaso de los intentos de restauración del "Grupo A" mucho más que los vedettismos y supuestas diferencias ideológicas de las que da cuenta La Nación.

lunes, 10 de septiembre de 2012

SIMULTÁNEAS (PRIMERA PARTE)


Por Raúl Degrossi

El panorama político nacional se semeja bastante a esas partidas simultáneas de ajedrez que suelen jugar los grandes maestros internacionales, aunque los tableros puedan parecer por momentos superpuestos.

Hay un primera partida que es no la más importante, pero sí la que nos salta a la vista a diario apenas prendemos la tele o la radio, o leemos los diarios: la agenda que instalan los medios con los escándalos del momento, desde el caso Ciccone hasta el Eternauta en las escuelas o la crisis en Santa Cruz; o las novedades que aporta Lanata desde su programa, cada vez que emprende una excursión a los indios ranqueles, o sea, viaja al interior para mostrarles a los porteños como funcionan los despotismos locales.

Ya las elecciones del año pasado (realizadas por ejemplo bajo la influencia del caso Schoklender) dejaron en claro que esa modalidad de definición de la agenda política tiene efectos acotados, y más acotada aun su capacidad de influencia sobre las opciones del electorado: es un estrépito difícil de sostener en el tiempo (pensando en que las próximas elecciones son dentro de un año), que termina aturdiendo y abonando el discurso anti-político (esto particularmente perceptible en el caso del lanatismo), con efectos demoledores hacia el interior del propio sistema político en términos de construcción de alternativas opositoras al kirchnerismo con cierto grado de consistencia.

Por el contrario, el "cristinocentrismo", el seguimiento obsesivo de cada palabra o gesto de la presidenta no hacen sino reafirmar su centralidad política, en la misma medida que  la impotencia opositora; sin posibilidades de captar audiencias o adhesiones políticas más allá del círculo de los convencidos, y con el efecto de cohesionar los apoyos del oficialismo, aun al riesgo de postergar las críticas y los disensos internos: la última tapa de "Noticias" grafica claramente el grado de extravío al que conduce esa estrategia.

Después está el tablero que plantea lo que podríamos llamar la agenda institucional: los debates en el Congreso, la idea de la reforma constitucional con la alternativa de otra reelección de Cristina, y podríamos incluir acá la discusión por la coparticipación y los recursos entre la Nación y las provincias, y los apuros fiscales de algunas que terminan en crisis políticas, como el caso de Santa Cruz.

Aunque esta partida sea reflejada por los medios (lo cual es lógico), sería esperable que se juegue con las reglas de la política, sin que esos mismos medios marquen la agenda, y esto en realidad se da sólo parcialmente: como consecuencia del 54 % de Cristina era lógico y previsible que el kirchnerismo marcara los tiempos y la agenda de las discusiones en el Congreso, pero lo que desafía la lógica política elemental es el comportamiento opositor.

Porque lejos de intentar ganar autonomía del complejo mediático (que logra también zambullirlos de lleno en sus propias peleas, las que ocupa sistemáticamente de poner en primer plano en el anterior tablero señalado), y tomar nota del escenario político para generar una nueva praxis política, perserveran en la misma lógica errónea que los condujo al desastre del 23 de octubre.

El peronismo federal está disuelto y la Coalición Cívica va en camino de estarlo, el radicalismo sigue sumido en su ya endémica disputa interna, que sus dirigentes pretenden saldar con posturas cada vez más conservadoras (como si trataran de precaverse de la fuga de votantes y dirigentes hacia el PRO), y el FAP se sume en groseras contradicciones internas ante cada tema nuevo que se discute en el Congreso; desde el caso Ciccone hasta el voto a los 16 años.

Mientras tanto el PRO sigue pendiente del inestable humor de Macri, que pasa de los cursos de respiración del chanta hindú a las furiosas invectivas contra Cristina; y que ha comprado sin beneficio de inventario la estrategia de Clarín de la impugnación global y furiosa del kirchnerismo, creyendo que de ese modo podrá polarizar hacia su fuerza al voto opositor al gobierno nacional.

En este plano, después de haber obtenido un puñado de leyes decisivas para la gestión en las extraordinarias de diciembre, el gobierno disminuyó en cantidad los proyectos que plantea en el Congreso, pero no en intensidad: la expropiación de YPF, la reforma del Banco Central, la expropiación de Ciccone, el nuevo Código Civil y Comercial y el proyecto de voto a los 16 años y para los extranjeros.

En todos los casos consolidó su disciplina interna para garantizarse la aprobación de los proyectos, e invariablemente logró introducir la confusión, las divisiones y las incoherencias en buena parte del entramado opositor: aun cuando no fuera ése su propósito (cosa que insólitamente plantean algunos opositores, como el FAP), produjo ese resultado.

Lo que en todo caso nos remite al primer tablero: la divisoria real de aguas dentro del sistema político no es la que suelen plantear los medios (con el binarismo kirchnerismo-antikirchnerismo), sino que está atravesada por diferencias ideológicas hacia el interior de las propias estructuras políticas, que se acentúan ante un gobierno con capacidad de plantear iniciativas de sentido progresivo; que en no pocos casos recogen reclamos opositores de larga data.

Todo lo cual confluye en que el escenario parlamentario, que en teoría podría presentarse como el más propicio para el despliegue y lucimiento de los partidos y alianzas opositoras que no tienen responsabilidades de gestión, se termine convirtiendo para éstos en un calvario, en el que suman no sólo derrotas en el tablero de las votaciones, sino contradicciones internas cada vez más difíciles de disimular.

Para peor, la discusión sobre la reforma constitucional, en los términos en que está planteada, es decir con mas insistencia pública de la oposición que del propio oficialismo, además de no calar en las preocupaciones relevantes del hombre común de la calle (algo que los opositores suelen señalar, pero de lo que no extraen la conclusión debida), importa una confesión de debilidad política del conglomerado opositor, incompatible con el discurso (también instalado desde los medios hegemónicos) del presunto derrumbe de la imagen presidencial y de la gestión de gobierno.

Y genera además un eje de acumulación política metodológicamente erróneo, como que las convocatorias “republicanas” a la unión de esfuerzos opositores para cerrarle el paso a otro mandato de Cristina (algo hoy por hoy mejor asegurado por el tercer senador por la minoría incorporado en el Pacto de Olivos, una de las pocas astucias de Alfonsín en esa componenda), es a mediano plazo incompatible con la necesidad de diferenciación de las propuestas opositoras que compiten por las mismas franjas de un electorado.

Con mas razón de cara a una elección exclusivamente legislativa, donde muchas de las fuerzas opositoras deberán revalidar la mayoría de sus bancas, obtenidas en las elecciones del 2009: peor que un deslucido paso por el Congreso (de lo que se daba cuenta antes) es quedarse afuera con todo lo que eso implica, en términos de visibilidad política.

Otro tanto sucede con las crisis provinciales como consecuencia de los apuros fiscales que pasan algunos gobernadores, donde se suman varios factores para que no se constituyan en un factor de acumulación política para la oposición en el plano nacional; en todo caso podrán redituarle en algún caso puntual uno que otro triunfo en elecciones provinciales, que no hay el año próximo, al menos de cargos ejecutivos.

La oposición sólo gestiona en Corrientes, Santa Fe y la CABA, y por ende la discusión por la coparticipación puede generar más rispideces dentro del propio oficialismo, y allí entran a jugar dos factores de peso para bajarle el voltaje al tema: las rígidas pautas constitucionales para modificar el actual esquema (que además beneficia objetivamente a las provincias del NEA, NOA y la Patagonia), y el hecho de que en política (mucho menos en el peronismo) no siempre es sencillo construir desde la debilidad (ni todos tienen la talla y las convicciones para hacerlo como Néstor en el 2003); como lo son las estrecheces de caja o la dependencia financiera de los envíos nacionales.

El eterno amago de De La Sota de lanzarse como presidenciable, para luego terminar confinado a los estrechos límites del cordobecismo y sin apoyos visibles entre sus pares dentro del propio dispositivo peronista (en ese punto, hoy está igual que en el 2002), es la demostración más clara de lo que digo.

Por otra parte el empeño personal puesto por Cristina en el armado de las listas de diputados y senadores el año pasado (uno de los ejes del conflicto con Moyano, sin ir más lejos), se reveló una acertada estrategia política que la pone a salvo de brotes de rebeldía en el Congreso que comprometan las mayorías parlamentarias del oficialismo, y priva a los gobernadores de una herramienta de presión al Ejecutivo nacional; cuyo fortalecimiento -en sintonía con las pautas constitucionales- es una de las mayores contribuciones del kirchnerismo a la calidad institucional.

Moyano dije, y eso me lleva a los otros tableros de estas simultáneas, que dejo para otra entrada y me parecen los más interesantes.