Varias veces hemos dicho acá que el plan
económico del gobierno y como consecuencia directa del acuerdo con el FMI creaba
restricciones concretas al desarrollo y evolución de las variables principales
de la economía, tanto como restricciones políticas para el gobierno en su
estrategia para perpetuarse en el poder más allá de diciembre de 2019.
Esto supone que
“militar el ajuste” que entraña cumplir con lo pactado con el Fondo luce como
un prospecto poco promisorio como programa de campaña electoral, y el gobierno
lo sabe, tanto es así que cuando llegaban las elecciones legislativas del año
pasado apeló a suministrar las dosis de “populismo” necesario para inyectar
consumo y actividad, y poder ganarlas.
Y los recientes
anuncios de los que da cuenta la imagen de apertura parecen ir por el mismo
lado, con una mirada puesta en la estrepitosa caída de la imagen de Macri (por cierto, penoso su papel en el acto de ayer, con el exabrupto de la pérdida de gas el días después de la tragedia de Moreno) y su
gobierno que vienen registrando las encuestas: por un lado y ante la presión de
los legisladores de las provincias patagónicas (incluyendo los oficialistas),
darían marcha atrás con el recorte de los montos diferenciales de las
asignaciones familiares que perciben las provincias de la Patagonia y de otras
regiones del país; y al mismo tiempo el propio Macri (en compañía de Vidal)
anunció créditos para los jubilados y beneficiarios de la AUH.
Créditos que (al igual que los que se dieron con la tarjeta Argenta para la elecciones del año pasado), tienen una tasa de interés que excede con creces la fórmula de ajuste de los haberes jubilatorios y la AUH, y por ende, a corto plazo van aumentando el peso de las cuotas sobre esos haberes: pan para hoy, y hambre para mañana, digamos. En todo caso el acto pareció una excusa para que Macri hablara de los cuadernos, y para que Vidal asomara la cabeza luego de la tragedia de Moreno, como si nada hubiera pasado.
Créditos que (al igual que los que se dieron con la tarjeta Argenta para la elecciones del año pasado), tienen una tasa de interés que excede con creces la fórmula de ajuste de los haberes jubilatorios y la AUH, y por ende, a corto plazo van aumentando el peso de las cuotas sobre esos haberes: pan para hoy, y hambre para mañana, digamos. En todo caso el acto pareció una excusa para que Macri hablara de los cuadernos, y para que Vidal asomara la cabeza luego de la tragedia de Moreno, como si nada hubiera pasado.
Sobre el recorte a
las asignaciones familiares, hay que esperar para ver que es lo que realmente
pasa, porque al menos ayer no se publicó en el Boletín Oficial ningún decreto
que modificara al 702 que instrumentó el tijeretazo, norma que dicho sea de
paso, contemplaba que los nuevos valores empezarían a regir a partir de la
liquidación que se pague en septiembre.
Habrá que ver
entonces si hay una real decisión de dar marcha atrás con la medida, o
simplemente se trata de un recurso del gobierno para ganar tiempo, y evitar la
sesión especial pedida por la oposición (con un amplio acuerdo que va del
massismo al peronismo federal, el kirchnerismo y otros bloques sueltos) para
derogar el decreto: no están los tiempos como para que Macri reciba una derrota
parlamentaria, y se vea forzado a volver a vetar una ley.
Y también por
supuesto habrá que ver si estamos ante un cambio de rumbo o no, y en que medida
el gobierno lo puede sostener. se ha jugado demasiado el propio presidente
diciéndonos a todos que el ajuste es el único camino, que tendrá que esforzarse
mucho para explicarnos que en realidad no era tan así; cuando hasta hace unos
pocos días estaban tratando de sumar voluntades opositoras para recortar
también en un 40 % los haberes de los jubilados patagónicos.
Por lo pronto, en
las cifras que se barajan para el proyecto de presupuesto hay podas por todos
lados (ver datos completos acá), incluyendo programas que atienden a
necesidades de los sectores más vulnerables: programas alimentarios, copa de leche, planes de maternidad e infancia, becas del Progresar, funcionamiento de los hospitales; entre otras cuestiones como el Conicet.
En todo caso, Macri
y “Cambiemos” deberán transitar los meses que quedan de acá a las elecciones
apretados entre las dos tenazas: sus necesidades electorales (que no se
resuelven solo con cuadernos Gloria, por lo visto, si no no se apelaría a estas
movidas), y los compromisos de hierro que firmó con el FMI, para sostener un
modelo económico excluyente e inviable.













