LA FRASE

"MIS DIFERENCIAS CON EL PRESIDENTE SON PÚBLICAS Y NOTORIAS, PERO QUIERO AGRADECERLE QUE ME HAYA DADO ESTA OPORTUNIDAD DE ORDENAR PERSONALMENTE UNA REPRESIÓN." (VICTORIA VILLARRUEL)

domingo, 26 de julio de 2020

TWEETS POLÉMICOS

LA RAZÓN DE SUS VIDAS


Cuando Evita vivía y protagonizaba la política argentina -y vaya si la protagonizó- no se hablaba de "grieta", pero existía más que nunca: la acusación cualunque de "la contra" (como le gustaba decir a ella) al peronismo era que había introducido la política en las casas, dividiendo a las familias.

Y Eva era "la grieta", o frente a ella se abrió un abismo: la amaron y la odiaron con igual intensidad, exactamente por las mismas razones: lo que para algunos fue bálsamo, alivio, redención y esperanza, para otros fue insolencia intolerable, digna del insulto, el agravio y la vejación: se metió con cosas con las que no había que meterse, porque siempre habían sido así, y así debían ser. 

El odio a Eva de algunos fue tan grande que no se detuvo ante su enfermedad -allí quedó como registro de la infamia aquella pared que vivaba al cáncer-, ni ante su muerte: la odiaron más allá de ella como la odian aun hoy, porque en realidad odian lo que representa. 

Y por eso ocultaron su cadáver y lo vejaron, por odio y también por miedo al amor de su pueblo, sin entender que Evita ya no estaba en una tumba o un mausoleo, sino en cada corazón humilde, y de allí jamás podrían robarla para ocultarla o desaparecerla.

Porque Evita fue, más de veinte años de la última dictadura, la primera desaparecida; con esa obsesión enfermiza de los gorilas con la muerte y los cuerpos, con ese odio enfermizo que los consume cada vez que comprueban que el peronismo, ese objeto de sus desvelos, sigue allí cuando se despiertan, pese a sus innumerables intentos por -otra vez- desaparecerlo. 

Eva escribió -o escribieron para ella- un libro: "La razón de mi vida", que fue texto escolar y que evoca a la abanderada de los humildes de las estampas. También, claro, escribió "Mi mensaje", ese otro texto silenciado porque mostraba a la Evita del rodete enérgica y apasionada, que azotaba a latigazos verbales a la olgarquía infame y explotadora, tanto como los que ella llamaba sin tapujos, los traidores de adentro.

Los que la odiaron y odian, no distinguieron entre su ternura y su pasión militante -porque Eva era eso: la primera militante, fanática e incondicional, de Perón y el peronismo-. Y el título del libro era lo mejor, porque era lo más exacto: Evita encontró en la causa de los humildes, la razón de su vida, y dio testimonio de ello hasta el fin, dando eso, su vida. Y por eso la amaron, y la lloraron como la lloraron cuando "transitó hacia la inmortalidad" (esa frase ideada por un burócrata de la comunicación oficial, que por una vez fue precisa), como dan cuenta los videos que se suelen reproducir para esta fecha.

Muchos años después Cristina -que nació después de que Eva muriera, un día como hoy, hace 68 años- llegó al mismo lugar que ella, no a la misma altura, claro: la propia CFK fue siempre la primera en descartar la comparación, señalando que Evita era -como fue- única e irrepetible. 

Y ese mismo lugar no fue tanto el del protagonismo político que sin dudas tiene: es la figura política más importante del país, esté donde esté, hace más de una década, aunque la dieron por muerta innumerable cantidad de veces. Pero vuelve otras tantas, porque al igual que Eva, hay un lugar del que nunca se fue: el corazón de muchos argentinos y argentinas, en especial los más humildes.

Sin embargo, el "otro" mismo lugar de Eva al que llegó Cristina es el odio, persistente enfermizo, obsesivo e irracional de los mismos que odiaron a Evita, porque odian lo que las dos representan: la dignidad y los derechos para las clases populares, la "subversión" de un orden social que entienden inmutable, propio del orden natural, y que es sacrílego intentar siquiera alterar. Y también la convicción enorme de sostenerse frente a viento y marea, y sin aflojar en defensa de lo que creen justo, aunquee vinieran degollando.

Claro que los que las odian no dirán que es por nada de eso, y en consecuencia preferirán hablar de cadenas nacionales o carteras caras, como antes hablaban de las joyas, o los juguetes de la Fundación. El odio siempre encuentra atajos para esconder sus verdaderas razones; lo que le cuesta más, en cambio, es esconder su objeto, el destinatario de ese odio visceral: hasta se diría que no se proponen ocultarlo, se enorguellecen de odiar y se definen a partir de lo odiado.  

Es un odio tan intenso que no puede existir sin el odiado, sin mencionarlo, sin tenerlo en la boca todo el tiempo. Pasó antes con Evita, pasa hoy con la misma furia e intensidad, con Cristina: que si habla porque habla, que si se calla porque se calla, que si -como acaba de decir Beatriz Sarlo- sus palabras son inquietantes, más perturbadores son sus silencios. 

Frente a cada avance del odio (y vaya si el odio avanzó en éste país) muchas veces nos cuestionamos si -como dice siempre Cristina- el amor es una fuerza superior, capaz de vencerlo. Sea cual fuere la respuesta, el cierto que el odio es una fuerza motivadora poderosa que no puede menospreciarse, pero que no puede construir nada perdurable sino el mismo odio. Más allá de sí, se deshace en impotencia, y acaso la comprobación de ese hecho, sea lo que realimente el odio.

De los que odiaron y odian a Evita se podría decir lo mismo que de los que odian a Cristina: que al tiempo que las odian, las necesitan, más incluso que los que las aman. Es como si Eva antes o Cristina ahora fueran -en un sentido trágico.  y parafraseando a la propia Evita- la única razón de sus vidas.

sábado, 25 de julio de 2020

TWEETS POLÉMICOS

CUESTIÓN DE CONFIANZA


Tal parece que para los empresarios y banqueros la palabra "confianza" es clave: siempre insisten en la necesidad de que los gobiernos y sus políticas -por ejemplo- generen confianza para invertir, o para que ellos decidan hacer negocios en un lugar.

Como banquero, es lógico que el HSBC Martino valore la confianza: sin la confianza de sus clientes que le entregan su dinero para que haga con él prácticamente lo que se les antoje con tal de que los beneficie a ellos en el proceso (esa es la magia de la "confianza" en el negocio bancario), un banco no podría existir directamente. Cuando no hay confianza en los bancos, los ahorristas empiezan a retirar masivamente sus ahorros de ellos y todo se derrumba.

A menos, claro, que el Estado los rescate (a los ahorristas y a los bancos), para que puedan reanudar su relación, desconfiando (ambos) del Estado, y confiando los ahorristas, en los banqueros que los estafaron. Tanto importa la confianza en esos casos, que se termina convirtiendo en credulidad, pero funciona. Para los bancos al menos.

Los productores que le vendieron grano a Vicentín seguramente confiaron en el prestigio de la empresa, porque es eso: una empresa privada y no el Estado, al cual le desconfían (o sea, no le tienen confianza), y por eso por ejemplo evitan pagarle impuestos. Por esa confianza es que muchos fueron estafados por Vicentín, y en lugar de reclamarle a la empresa que los estafó, hacen banderazos contra la idea del Estado de expropiarles la empresa a los estafadores. Aquí la confianza se parece bastante a un acto de fe, con su correspondiente auto de fe inquisitorial contra el demonio estatal.

El Banco Nación, al prestarle ingentes sumas a Vicentín en condiciones sospechosas, también confió en que la empresa las devolvería. O no, y simplemente quienes lo manejaron durante el gobierno en el que les dieron esos préstamos (el de Macri) confiaban en que a cambio de ellos, financiarían generosamente su campaña electoral, e incluso podrían lavar parte del dinero destinado a esos fines. Todo indica que esa confianza en particular, no se vio defraudada: hoy están en primera fila para defender a sus financistas de campaña.   

Hace muchos años, en los 90', vino un gobierno que desconfiaba del Estado y de su capacidad para gestionar eficazmente los servicios públicos, y los privatizó: confiaba en que serían mejor prestados por empresas privadas. Y confió en determinadas empresas para que presten determinados servicios, como Edesur. Tres décadas después, salvo alguna excepción que se nos escapa, queda claro que no había muchas razones para confiar, y que los que entonces desconfiaban de la solución elegida, tenían razón.

Cuando un servicio público se presta en condiciones desastrosas (por el Estado o por empresas privadas) se defrauda la confianza del usuario que los paga, y que en muchos casos es cautivo, porque no puede elegir otra empresa: en la concesión de servicios públicos la regla es que los contratos conceden el monopolio de explotación, al menos en un área o zona determinada, y en los llamados servicios "indivisibles", como la electricidad.

Cuando el Estado concede la explotación de un servicio público a una empresa privada, firma con ella un contrato de concesión, que establece derechos y obligaciones para las partes como todo contrato, y cuales son los casos en que el incumplimiento de esas obligaciones puede llevar a la resolución del contrato, y la revocación o extinción de la concesión, revirtiendo la prestación del servicio a su dueño o titular originario: el Estado. De allí que hablar de "estatización" en esos casos es casi una licencia poética.

Ahora bien, si tenemos contratos, escritos y firmados voluntariamente por las partes, y una de ellas no los cumple, colocándose en la situación de que esos contratos se rescindan, ¿no sería esa rescisión, precisamente, una consecuencia de la violación a la confianza depositada en que los cumpliría, en lugar de un acto que genere desconfianza?

Deudores quebrados fraudulentos, empresas que no invierten y no cumplen sus contratos, bancos que estafan a sus ahorristas, y pretenden salir indemnes, sin que el Estado haga nada. Aunque ese Estado sea acreedor, poder concedente o regulador, según los casos; y aunque sus defraudaciones a la confianza perjudiquen a cientos o miles de personas, que confiaron en ellos.

Y si el Estado se decide a hacer algo, genera desconfianza, según Martino. Es raro como funciona la confianza en algunos casos, y a algunos niveles: se parece bastante a una patente de corso, o a un pedido de inmunidad por delitos.

viernes, 24 de julio de 2020

TWEETS POLÉMICOS

¿QUIÉNES SON "TODOS"?


El "Frente de Todos" fue una inteligente y exitosa construcción electoral, que cumplió cabalmente el objetivo para el que fue creada: ganar las elecciones, y desplazar a la derecha del poder. Para construirlo, fue necesario que todos los que confluyeron en él cedieran algo, porque no se trataba de que todos pensaran lo mismo, sino parecido; siempre y cuando todos en ese momento -el año pasado- quisieran lo mismo: desplazar al macrismo del poder, por las urnas.

Por haber formado el FDT e incluso por ganar las elecciones, ninguno dejó de ser lo que era. ni dejó de pensar como pensaba. Incluso podríamos decir que los que más tendrían que haberse replanteado sus acciones (durante el kirchnerismo primero, y con el macrismo después), salieron más favorecidos en el reparto, y tienen más peso en el gobierno de Alberto Fernández hoy. Pero ése es otro asunto

Antes y más que una simple coalición electoral,  el Frente es la expresión política de una coalición social, formada por todos los sectores que tenían algo en común: fueron agredidos en sus intereses objetivos y concretos por las políticas del macrismo. Si no hubiese logrado interpelar electoralmente a esos sectores, el FDT, por más unidad en la cúpula y masa crítica de dirigentes que hubiera conseguido acumular, no habría ganado las elecciones, así de sencillo.

Con un proyecto excluyente y de minorías como el gestionado por el macrismo, los que tenían buenas razones para no darles otros cuatro años más en el gobierno para desplegarlo eran muchos, y bastaba que tomaran conciencia de su rol político a través del voto para hacerlo, para que la última experiencia de derecha vivida en el país tuviera los días contados en la Casa Rosada. Tan sencillo como eso, aunque los artificios publicitarios del duranbarbismo (¿se acuerdan cuando a Durán Barba lo consideraban infalible, una especie de rey Midas electoral que convertía en oro todo lo que tocaba?) pretendieran convnecernos de otra cosa.

Dentro del FDT confluyeron sectores que, como dijimos, vivieron de distinto modo, con distinta intensidad y en diferentes lugares los 12 años del kirchnerismo primero, y los 4 del macrismo después. Y está claro que esa diversidad se trasladó al gobierno de Alberto Fernández, de modo que su gobierno es distinto en muchos sentidos a los de Néstor y Cristina, en un contexto también distinto a los de ellos incluso sin la pandemia (aspecto que a veces el propio gobierno parece desconocer, sobre todo en el plano económico), ni hablemos después.

Ahora bien, dentro de esa caracterización inicial del FDT como expresión electoral de una coalición social, hay matices: están quienes en su momento se desgajaron del kirchnerismo buscando su propio camino captando el "voto descontento" fluctuante (como Massa), y en la misma dirección se acercaron al macrismo, presumiendo que era insensato ejercer una oposición frontal contra lo que auguraban como una larga hegemonía de la derecha: había llegado la hora de la "oposición responsable".

La actitud descripta corresponde a la política, pero también al sindicalismo: en un trazo grueso la diferencia de visiones que puede separar al massismo del kirchnerismo duro, es correlativa en el plano sindical con la distancia que hay entre Hugo Moyano, la Corriente Federal de los Trabajadores, la CTA, o la dirigencia de la CGT. "De Todos" no significa "todos iguales". Y el distingo no solo vale para el interior del Frente, sino sobre todo para afuera, es decir para las relaciones de la coalición oficialista con los sectores sociales y del poder económico que no solo no lo conformaron, sino que fueron el soporte sustancial del macrismo que el FDT vino a sustituir.

Y es aquí donde surgen los interrogantes. ¿"De todos" significa lo mismo para "Todos", los "Todos" son todos lo mismo, cuáles son los límites al "Todos", es literalmente "con todos", incluso con los que apoyaron al macrismo?

Para que se entienda, repasemos los hechos recientes: la convocatoria presidencial a ciertos empresarios y sindicalistas al acto del 9 de julio, el tuit de Cristina recomendando una nota de Zaiat sobre el rol político del poder económico, el conflicto del Sindicato de Camioneros con Mercado Libre y la reacción de Daer, de la CGT, tomando partido...por Galperín, virtualmente. Hay un todos esos movimientos (puede que caprichosamente elegidos por nosotros para el análisis) un hilo conductor: se está poniendo en tensión el ancho y la profundidad del frente, antes opositor y electoral, hoy coalición de gobierno.

Hay sectores que resienten (resentimos) que los sectores gremiales y del empresariado que estuvieron en la génesis del "Frente de Todos" no sean parte frecuente de las convocatorias oficiales, y no aparezcan en la "escenografía del poder" con la frecuencia con que lo hacen los que hasta ayer militaban en nuestra contra y financiaban campañas (electorales y mediáticas) para que perdiéramos las elecciones y continuara Macri, y son tratados incluso con deferencia: "Héctor" o "Marcelo". O son amigos, como Horacio, ¿lo será en el futuro Marcos?

Y otros sectores del Frente entienden no solo que es necesario tender esos puentes -muchos siempre creyeron en eso, como Massa o Béliz, para ser justos-, sino captar "mascaritas sueltas" de la política sin votos propios, que solo pueden sumar a la balanza interna para los sectores más conciliadores de la coalición de gobierno, como Monzó o Massot, por poner dos ejemplos. Eso, mientras desde el establishment y sus medios se le pide públicamente a Alberto que rompa con Cristina, y se desembarace del kirchnerismo.

Ojo: la discusión no es solo política o internista, hace al rumbo del gobierno y del país. Con las coaliciones políticas pasa lo que pasa con una masa y los condimentos: si se le pone azúcar, aunque esta sea una parte ínfima en relación al volumen de la masa, ésta será dulce, pero si se le agrega sal en la misma ínfima proporción, será salada. 

O dicho de otro modo: se busca acumular, allí hacia donde se quiere ir: buscando el cruce entre los "opositores responsables dadores voluntarios de gobernabilidad" de ayer, con los macristas "desencantados y autocríticos" de hoy.


Es decir, no se trata de dialogar o confrontar, o de como se arma la agenda de invitados de los actos presidenciales, sino de una cuestión de representación: hay que asumir, en primer lugar y con las dificultades del contexto, las demandas de los que uno aspira a representar, con acciones concretas. Incluso es posible que, si uno aspirara a representar a los que más tienen y menos necesitan de la política y el Estado, no necesitaría esas acciones: bastaría que no haga nada, perpetuando el modelo de injusticia, exclusión y desigualdad.

"Frente de Todos" o "es con todos" pudieron ser (de hecho lo fueron) eficaces consignas electorales para transmitir la idea de una oposición que se unía deponiendo diferencias y viejas peleas, para ganar. Como consigna política que ilumine la acción de gobierno, es impracticable y por ende inconveniente. hay que elegir a quien se quiere representar, es decir cual es la bases social en la que se respalda la construcción política, y obrar en consecuencia.

jueves, 23 de julio de 2020

TWEETS POLÉMICOS