¿A Milei nomás, no hay nadie más importante que él enfrente?: https://t.co/euyfoA7Ceo
— La Corriente K (@lacorrientek) September 21, 2026
Solía decir Cooke que para el peronismo y el movimiento nacional la correcta caracterización del enemigo era la regla primordial y el punto de partida absoluto de cualquier política de liberación nacional; porque si no se definía con precisión matemática contra quién se lucha, se corría el riesgo de diluirse, ser cooptado por el sistema o desgastarse en discusiones internas falsas. Y complementaba la reflexión, apuntando que el verdadero enemigo no era una variante circunstancial de gobierno, sino un sistema en su totalidad, compuesto por el imperialismo y sus engranajes nativos; enfatizando el rol auxiliar de nuestras clases oligárquicas dominantes, en la gestión de los intereses imperiales.
Sus reflexiones fueron hechas unos 60 años atrás, pero aun cuando nos quieran convencer de lo contrario, en lo esencial conservan plena vigencia, más allá de que los sujetos del análisis (el imperialismo, los intereses multinacionales, las oligarquías nativas y clases auxiliares locales) hayan mutado en su composición: las líneas maestras del proceso que él y otros describieron, siguen tendidas en los mismos términos.
Las reflexiones nuestras vienen a cuento de lo que dijo Kicillof el sábado en el acto de virtual lanzamiento de su candidatura presidencial, pero tampoco es cuestión de caerle exclusivamente a él: sin ir más lejos por ahí anda Pichetto planteando que hay que construir un frente anti-Milei en el que pueden entrar hasta radicales y sectores del PRO disconformes con el alineamiento incondicional de sus fuerzas políticas con las principales iniciativas del gobierno libertario, y el conjunto del sistema político -con sus más y con sus menos- se está activando en modo electoral, y hablando básicamente de alianzas, frente y candidaturas.
Y no se trata de bajarle el precio a las elecciones (al fin y al cabo un futuro gobierno solo puede ostentar fortaleza a partir de una incuestionable legitimidad de origen, surgida del voto popular), sino de tomar real dimensión del problema, que es más político en la más profunda acepción de la palabra (es decir de disputa por el poder), que electoral.
Hace poco decíamos en ésta entrada: "Tampoco está claro que se consiga ponerles remedio a tantos males con nuestro voto en las elecciones del año que viene (de hecho casi la mitad del padrón viene pensando consistentemente que no, y de allí su ausentismo), si el pronunciamiento popular no consagra tanto un modelo verdaderamente alternativo, como la decisión de dar las peleas que haya que dar para cambiar las cosas, mientras se enfrenta la urgencia de reparar las consecuencias de tanto desatino, que son muchas. Y sin perder nunca de vista quienes dieron -y dan- su apoyo decisivo al experimento porque conviene a sus intereses, con todo lo que supone, incluidos (por acción u omisión) sus aspectos más bizarros.".
Dicho de otro modo, no basta con describir -incluso con minuciosidad- los daños que está causando el experimento libertario, sin caracterizar precisamente lo que significa, quienes están detrás de Milei y que es lo que éste representa: no se trata (como dicen que dijo Magnetto una vez) que el de presidente sea un puesto menor, sino que en todo caso Milei es -en términos históricos- un personaje menor, de ribetes bufonescos, puesto ahí deliberadamente para degradar a la institución presidencial (y con ella al rol del Estado), y que precisamente por su escasa estatura política, era ideal para facilitar el saqueo y la reconfiguración drástica del país, a favor de poderosos intereses extranjeros y sus aliados locales.
Puesto ahí -no se nos escapa- también con el voto de millones de argentinos, porque esos mismos intereses tuvieron los medios, la predisposición y astucia necesaria (favorecida en parte por errores nuestros) para construir un consenso social extendido en torno a la defensa de intereses poderosos pero socialmente minúsculos, y si nos apuran, cada vez vez más poderosos en tanto que socialmente cada más minúsculos. Es decir que no solo hay que analizar quienes están por detrás de Milei o por encima suyo, sino quienes estuvieron por debajo, y lo seguirán estando; porque cuando Milei sea historia, esta sociedad concreta con la que la política tiene que lidiar (y que eligió a Milei y en no poca medida lo sigue apoyando), y esos intereses que tratan de condicionarla, seguirán estando allí.
Por otra parte, aun vista la cuestión en términos estrictamente electorales, no puede pasar desapercibido que las elecciones no transcurren en un marco puramente librado a la competencia entre las fuerzas políticas, las alianzas y los candidatos, sino que las interferencias extra-institucionales son cada vez más visibles; desde el "lawfare" que determina quienes pueden o no ser candidatos (como pasa con Cristina), hasta las sospechas fundadas de manipulación de los resultados (como ha pasado en Colombia, Ecuador y Perú, con triunfos de las ultraderechas en todos los casos), o la ayuda económica del gobierno de Estados Unidos por sí o a través de instituciones que controla -como el FMI- buscando facilitar el triunfo de candidatos afines, como pasó con Macri en 2019 o con Milei y las lista de LLA, en las legislativas del año pasado.
La densidad del bloque de poder hegemónico al que la política en clave democrática se enfrenta (porque no es solo a Milei, o el circunstancial monigote servicial a esos intereses) es correlativa a la creciente debilidad de esa misma política, y de las propias instituciones democráticas. ¿Por qué razón habría que suponer entonces que esos intereses pararían con sus maniobras si no tienen éxito en la fase electoral, y no persistirían tratando de condicionar la capacidad de acción de un gobierno que no les sea afín, o de bloquear sus políticas como lo han hecho en el pasado?
De hecho, si algo destaca del experimento libertario en curso, es el énfasis que han puesto en consolidar todo tipo de candados jurídicos a posibles políticas futuras de reparación, mientras intentan depredar en beneficio propio el patrimonio público y construcciones colectivas de los argentinos que llevaron décadas (como la educación, la ciencia o el desarrollo nuclear), mientras las políticas que apoyan (y diseñan) extienden sus daños sobre el tejido productivo y social, de un modo que es imposible saber cuanto tiempo llevará revertirlos. Aunque ya nadie se acuerde de Milei.
2 comentarios:
Al Caballo de Troya bonaerense hay que recordarle que tenga cuidado con ponerse la piel del oso antes de cazarlo...
(y que eligió a Milei y en no poca medida lo sigue apoyando), brillante y certero aporte. Comprendo la prudencia del autor de la nota y que lo encerrado entre paréntesis se trata de una "aclaración". Pero, no para autoreferenciarme ni mucho menos más aun que soy un don nadie, hace mucho que vengo diciendo que estos "pungas que llegaron al poder" [sí los calificó su ex-colaboradora Marcela Pagano] es verdaderamente más que ruinoso para todos excepto para unos poquitos, que ya sabemos quinenes son. Ergo, lo expuessto entre parentesis, motivado por lo que dije, nosotors tenemos que leerlo en negritas. En los distintos ámbitos que me tengo que desempeñar debido a mi profesión, veo que muuuchos/as lo siguen "apoyando".
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