LA FRASE

"YO VENÍA AHORRANDO BÁRBARO HASTA QUE TUVE QUE EMPEZAR A PAGARLE HONORARIOS A LA ESCRIBANA PARA DIBUJARLA." (MANUEL ADORNI)
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sábado, 15 de agosto de 2026

LECTURA RECOMENDADA

 

"En esta Argentina de pasado y presente tan turbulentos, estamos discutiendo política alrededor de la honestidad o de la popularidad de quienes tienen visibilidad en el ámbito, sin revisar las controversias conceptuales que definen nuestra capacidad de avanzar hacia el bien común. Esto nos hace mucho mal, desde hace tiempo. Traslada la elección de nuestros representantes a encuestas de imagen personal, como si todo fuera cuestión de personas aisladas y además como si las encuestas surgieran del conocimiento personal, siendo que son fruto de la presencia mediática del candidato. He querido hoy hacer una breve reseña de grandes temas que deberíamos discutir, sea porque ignoramos su importancia o porque la presión cultural de la derecha ha conseguido que se adopten creencias equivocadas al respecto. Vamos de lo general a lo sectorial.".

"Por qué es importante no ser una colonia. Hace más de 500 años que la expansión colonial de los países más poderosos busca extraer recursos de otro lugar para fortalecer a la metrópoli. El concepto base no ha cambiado, desde el oro y la plata de Potosí para España, pasando por las carnes argentinas para las carnicerías inglesas o el petróleo de Vaca Muerta para Estados Unidos. Si toda la estrategia productiva se diseña en función de los intereses de uno solo de los países involucrados, el otro es una colonia. Los siglos han confirmado lo obvio. El que produce y exporta masivamente, dentro de un escenario hegemonizado por el que importa, pierde sus recursos naturales, no agrega más que un mínimo valor local, no retiene ganancias ni capital para invertir de forma independiente. No hay forma de disfrazar tal subordinación, ni con toda la tecnología informática del mundo.".

"Por qué es nociva la inversión extranjera indiscriminada. La inversión extranjera nunca ha superado el 20% del total durante el último medio siglo. Sin embargo, parte de nuestra derrota cultural es que nos han martillado que es imprescindible y hasta que es la única manera de crecer. Sin embargo, su capacidad positiva es centralmente el aporte de tecnología que permite la colocación internacional de bienes, que por otra parte debe ser articulada detrás del interés general, evitando que se deje de agregar posible valor local. Eso se contrapone con el giro de utilidades que resta inversión local,o la aplicación a comprar empresas nacionales que funcionaban bien, o los servicios comerciales, en que desde supermercados hasta bancos son innecesariamente de propiedad extranjera. Todo esto debe ser reglamentado.".

"El sistema financiero. Hace 50 años se dictó una ley de inversiones financieras siniestra que nunca fue modificada ni intentó serlo. Formando parte de una ola de avance hegemónico de las finanzas en el mundo se dio una libertad al capital de cualquier origen que hace que hoy los bancos nacionales, que eran fuertes, están acosados por una lógica que los va reduciendo a su mínima expresión, salvo el Banco Provincia de Buenos Aires. Todo el sistema debe ser repensado y transformado con urgencia, si es que queremos librarnos de una dependencia que es simplemente usura.".

"El control de la inflación. En este punto la victoria cultural de la derecha ha sido casi completa. Han sido capaces de convencer a muchos, hasta a los más pobres, que la causa de la inflación es el exceso de moneda en manos de los consumidores, que presionaría sobre una oferta insuficiente de bienes. Ese catecismo lo aplican aún cuando exista más de un 30% de pobreza y un ingreso per cápita con fuerte caída. Es muy perverso. La única inflación monetaria posible se da cuando existe pleno empleo y los salarios reales tienden a subir más que la productividad. En ese caso, puede aparecer presión de demanda sobre oferta estancada y en lugar de aumentar la producción, aumentan los precios. Nada que ver con la realidad argentina de hoy ni de ayer. Necesitamos que los buenos economistas – que los hay – se dejen de joder con sus temores a sacar los pies del plato y expliquen que son los sectores concentrados los que motorizan la inflación y cómo se los debería controlar.".

"El trabajo para todos. El mundo central viene debatiendo hace décadas la diferencia entre ingreso universal y el trabajo para todos, como salidas para reducir con fuerza la pobreza. Nadie ha tomado el guante en Argentina. Cada tanto se reivindica el ingreso universal, sin advertir que en un país con inercia inflacionaria, esa “solución” sería rápidamente cooptada por quienes se benefician con la inflación y la fogonean. Nunca se ha formulado al menos un borrador sensato de trabajo para todos, monitoreado por el Estado.".

"La innovación tecnológica. La aplicación de la ciencia y la tecnología en todos los órdenes de la vida es claramente un factor clave para el bien común. Sin embargo, en la producción de bienes y servicios eso no es un hecho que se dé automáticamente. Allí, la innovación apunta a aumentar la productividad y si los frutos de esa mejora no se reparten con equidad, puede contribuir a aumentar la concentración en favor de los que más tienen. Tal encrucijada se ha dado en varios momentos históricos y se da hoy con fuerza en relación a la inteligencia artificial, que puede perjudicar a grandes sectores de la ciudadanía. No discutimos ni encauzamos esto adecuadamente.".

"La economía popular. La organización de los excluidos de la producción por el neoliberalismo se plasmó en los últimos 25 años, pero quedó a cargo de los propios excluidos, que buscaron fortalecerse definiendo una identidad propia – “la economía popular” – que incluso es materia frecuente de estudio en universidades y ámbitos científicos, que creen así ayudar a los que sufren. Sin embargo, casi sin excepciones – la única podría ser en parte la economía del cuidado – se han pensado como apéndices proveedores de bienes y servicios a segmentos del neoliberalismo, en condiciones de clara subordinación y baja retribución. Es necesario repensar todo el tratamiento porque efectivamente es posible y necesario proponer un plan distintivo para los excluidos, pero este plan debe apuntar a soluciones eficientes para atender necesidades básicas, con participación de los que tienen las necesidades. La economía del bien común entra en colisión con la lógica de estos años de los que han propugnado la economía popular y debemos entender por qué.".

"La asistencia social como factor de desarrollo. La debilidad de análisis del escenario anterior lleva a omitir el potencial de desarrollo que implica generar bases productivas locales para atender la alimentación escolar; el déficit de vivienda; la indumentaria; el cuidado de niños, enfermos o ancianos; la recreación comunitaria. En todos estos casos y más debemos dejar de pensar en cómo entregar los bienes finales para pasar a conseguir que sea el propio tejido social el que implemente soluciones, lo cual llevará no solo a cambiar la naturaleza de la inversión pública sino también a generar patrimonio en lugares donde solo había demandas de subsistencia. Otro debate pendiente."

"Podría seguir con temas productivos, educativos, de organización de la salud, de toma de decisiones en el sector público. El punto a asumir es que no solo se requiere programa operativos serios y meditados, sino junto con eso un pueblo que a través de la reflexión colectiva vaya desembarazándose de los dogmas neoliberales y construya ideas comunes que sustentan el bien común. Hasta pronto."

martes, 11 de agosto de 2026

LECTURA RECOMENDADA

 

"¿Cuándo se termina una etapa política? ¿En qué momento conviene desprenderse de un fusible? ¿Cuándo hay que arrojar lastre del barco? Son las preguntas que se deben estar haciendo diferentes componentes de la élite local y los propios estadounidenses en relación con la gestión Milei. Milei tiene un alto valor simbólico internacional: ha servido de “modelo” de un nuevo tipo de liderazgo, mucho más agresivo y autoritario en lo político, más osado en lo económico y social, más alineado en materia internacional que el liberalismo tradicional, que posaba de centrista y moderado. ".

"Como señalaba recientemente el experto internacional Juan Tokatlian, el experimento Milei está siendo visto desde el exterior con sumo interés, para observar hasta dónde y qué cosas es capaz de soportar una sociedad de desarrollo medio. Sobre todo en cuanto a la destrucción de instituciones consideradas pisos básicos de progreso, que no habían sido cuestionadas ni siquiera en el período de la globalización neoliberal. Si bien Milei puede presentar como grandes triunfos todos los retrocesos económicos y sociales que está provocando, y que la derecha troglodita considera “logros valiosos”, está patinando en lo político y en lo económico, y sobre todo no está garantizando la perdurabilidad social de este status quo tan confortable para las corporaciones.".

"Odiar a una parte significativa de la población es una forma de desconocer qué es una nación. Es rechazar sus componentes específicos, su historia concreta, negar sus raíces, en pos de construir un país de diseño, racista, blanco, conservador, consumista y colonizado, una especie de resort trumpista del subdesarrollo. De todas formas, lo que sellaría definitivamente la suerte de Milei —más allá de sus berrinches y desvaríos— sería que la mayoría de la población le saque la ficha. Que muchos millones, en todo el país, comprendan en toda su magnitud la amenaza que representa este gobierno para el futuro de los argentinos.".

"Sectores cercanos al oficialismo ven con preocupación que el hundimiento de la actividad económica interna vaya horadando políticamente la adhesión de la base electoral del actual gobierno, creando un escenario de creciente incertidumbre sobre el resultado eleccionario del año que viene. Un salto cambiario acotado, seguramente, protegería en algo a la industria, pero también impulsaría alzas adicionales en los precios minoristas, lo que reforzaría el deterioro electoral del mileísmo. Además, esa devaluación acotada podría estimular una mayor oferta de divisas de los exportadores, pero al mismo tiempo encarecería la compra de esas divisas por parte del gobierno, que debería disponer de más pesos para seguir juntando divisas.".

"En síntesis, el temor en la derecha es a los propios fantasmas de los mercados: 1) Van a tener miedo porque sigue anémica la actividad económica, lo que hará que la gente cada vez se banque menos al gobierno que les vendió humo económico, y crezca la posibilidad de que Milei pueda perder las elecciones; y 2) van a tener miedo a que el gobierno mantenga una política económica que le impida conseguir los suficientes dólares para aumentar las reservas y despejar todas las dudas sobre un eventual impago por parte del país a los acreedores privados y al propio FMI. Los dos tipos de temores convergen directamente en un solo pánico, por ahora imaginario: los mercados asustados desarman sus posiciones en pesos, o retiran sus fondos de los bancos, y se abalanzan sobre las reservas —insuficientes— del BCRA. Un curioso escenario de hecatombe de los economistas más brillantes de la historia. Hoy, la tesis mileísta de que ajustar a la población sin límites, con políticas dogmáticas y aventureras, es perfectamente compatible con un robusto y fiel acompañamiento electoral, parece haber entrado en crisis incluso entre sus fieles creyentes.".

"Pero nos vamos enterando de la enorme extensión de la reacción en las bases de la sociedad, como una ola que creció de forma inesperada, involucrando a muchísima gente que habitualmente no se siente convocada por la “cosa pública”, y que se metió decididamente a opinar y expedirse sin cortapisas. Evidentemente, ha sido muy fuerte, muy popular, el rechazo a la extranjerización, ya que logró trascender los espacios de la militancia y la politización tradicionales para extenderse mucho más lejos, y ejercer fuerte presión moral y política sobre todo el arco político. No fue otra cosa, sino esa ola de opinión popular masiva, lo que actuó sobre los gobernadores y senadores colaboradores de siempre del gobierno, quienes, cálculo político en mano, decidieron no subirse a la pira preparada para incinerar los proyectos entreguistas del mileísmo.".

"Esta ola de dignidad nacional que de pronto ha surgido, defensiva ante el intento de desguazar físicamente la nación, debería poder extenderse para comprender que nuestro país debe retomar el control sobre su propio destino, y no dejarlo en manos “de la globalización”, cuyos motores reales son las grandes empresas de los países industrializados y los propios Estados centrales. Abandonarse a las fuerzas de la globalización es poner nuestro destino en manos de poderes empresariales y políticos concentrados, cuyos intereses difieren de los nuestros. La soberanía no es el territorio. Es un concepto político: es poder autodeterminarse.".

"Se podrá decir que vivimos en un mundo extremadamente interrelacionado, y que al ser periféricos, carecemos de algunos instrumentos económicos, tecnológicos, financieros, importantes para poder ejercer una soberanía plena. La realidad internacional nos indica que nadie en el mundo actual es plenamente soberano, y que hasta las dos grandes potencias dependen de la otra. Lo que no quita que aspiren al mayor grado de autodeterminación posible. En cambio, en nuestra periferia latinoamericana colonizada florecen las ideas vinculadas, no a fortalecer la autodeterminación, sino a profundizar la dependencia, como hace todos los días este gobierno de la derecha argentina.".

"Lo advirtió hace tiempo Aldo Ferrer: una precondición para emprender el camino del desarrollo económico y social es contar con pensamiento propio, con una lectura propia del orden global y del lugar que nosotros queremos tener en él. Ferrer lo planteó en el terreno de la economía, así como muchos otros pensadores nacionales ya lo habían planteado con la meta de construir una nación soberana.".

"La soberanía es una sola, y es integral. No se puede hablar de soberanía y vender el territorio. No se puede hablar de soberanía en las Malvinas -como hizo la última dictadura- y extranjerizar la economía del territorio continental. No se puede hablar de soberanía y endeudar brutalmente al país, como hacen sistemáticamente los gobiernos neoliberales. No se puede hablar de soberanía y destruir la salud de sus habitantes, como hace este gobierno. No se puede hablar de soberanía y degradar la vida de millones de niños que son quienes deberán continuar, mejorar y defender nuestro país. No se puede hablar de soberanía y socavar las industrias culturales, el mundo académico y el científico. Es atentar contra el cerebro de la nación.".

"Los que dicen que están de acuerdo en general con “el rumbo” de esta administración tienen que asumir que están a favor de la extranjerización de la tierra, de la quema de los grandes bosques con fines de rentabilidad inmobiliaria y con la destrucción de los glaciares para mayor provecho de las mineras extranjeras y de los países industriales. Hoy, recuperar la independencia nacional y la autodeterminación requiere superar la intoxicación de pensamiento colonial que permitió la llegada del cipayismo al gobierno, y arrebatarle el manejo de algo tan importante como es el destino del pueblo argentino.".

(La nota completa, acá.)