LA FRASE

"NO QUIERO DEJAR PASAR LA OPORTUNIDAD DE EXPRESARLE MI AGRADECIMIENTO AL PRESIDENTE MILEI, SIN CUYA INVALUABLE COLABORACIÓN ÉSTE TRIUNFO NO HUBIERA SIDO POSIBLE.

viernes, 24 de octubre de 2025

LLEGÓ LA VEDA

 

jueves, 23 de octubre de 2025

TWEETS POLÉMICOS

 

miércoles, 22 de octubre de 2025

BARATO SEGURO NO FUE

 

Unas semanas atrás te contábamos en éste posteo como el gobierno de Pullaro instrumentó un sistema para financiarles a las empresas contratistas de obra pública los préstamos bancarios que pidan, asumiendo la provincia parte del pago de los intereses correspondientes.

Decíamos entonces que "...se otorga a las empresas una línea de créditos con tasa subsidiada por la Provincia, es decir que a los intereses del crédito no lo pagan las empresas, sino la Provincia, y como garantía del crédito que otorga el Banco, los contratistas dejan en prenda los derechos que surgen del certificado de obra impago."

Y agregábamos que "Mediante el programa, la empresa contratista puede tomar un crédito bancario en base al certificado de obra que la Provincia le adeuda. Concedido el crédito por la entidad bancaria, al interés que se debe pagar por ese crédito no lo paga la empresa, ya que los intereses del crédito son pagados por la Provincia de Santa Fe, es decir por todos los santafesinos. Se paga con la nuestra. Si los certificados de obra se pagaran en término, no habría necesidad de afrontar costos financieros extras que agravan las obligaciones de la Provincia de Santa Fe.".

Al no estar disponible el acto que instrumentó el programa (una resolución del ministro de Economía Olivares) no se puede saber si se había previsionado cuantos recursos necesitaría la provincia para hacer frente al pago del subsidio de tasas, lo que puede variar porque depende de en que banco tome el préstamo cada empresa contratista y como esté el nivel general de tasas del mercado, que sabemos que bajo no es.

Por el Decreto 2610 del pasado viernes 17 que encabeza el post, Pullaro y sus ministros Enrico y Olivares nos dicen que hay certificados de obras que ejecuta la Dirección Provincial de Vialidad pendientes de pago por 11.290 millones de pesos, que entrarían en el programa: las empresas los colocan como garantía en los bancos con los que toman préstamos, y la provincia paga los intereses de esos préstamos, con la nuestra.

Claro que para que esos certificados de obra puedan usarse de ese modo no es necesario (según la resolución de Olivares que creó el programa) que estén vencidos y no hayan sido pagados fuera de término, aunque en esos casos también se los puede utilizar: de hecho, el decreto dice que esos 11.290 millones de pesos corresponden a certificados de obra impagos del mes de julio de éste año.

Lo que supone que ya están vencidos y devengando intereses, porque el artículo 71 de la Ley de Obras Públicas 5188 establece que deben cancelarse dentro de los sesenta (60) días de emitidos, y en caso contrario empiezan a devengar intereses. Para que se entienda, la provincia paga intereses dos veces: por mora por pagar los certificados vencido el plazo legal, y para subsidiarles a las empresas los intereses bancarios de los préstamos que tomaron, si los usaron como garantía. 

Nada dice el decreto de cuanto nos costó la jodita en éste caso en particular (reiteramos, solo para obras de Vialidad), y es imposible calcularlo porque además de lo antes expuesto sobre el mercado del crédito bancario en estos momentos, hay que ver en cuantos días de mora incurrió la provincia en cada caso, en cada uno de esos certificados.

Ni hablemos si quisiéramos hacer la cuenta para todos los casos en que todas las reparticiones del Estado provincial que ejecutan obras públicas (Vialidad, Vivienda y Urbanismo, la EPE, el Ministerio de Obras Públicas, el de Educación, entre otras) hayan apelado a éste mecanismo; diseñado por los mismos genios que le aconsejaron a Pullaro salir a tomar deuda en los mercados de capitales, justo en estos momentos.

Pero al igual que pasa con los préstamos bancarios que toman las empresas, algo es seguro: barato no fue. Para muestra un botón: dentro de las obras con certificados que entraron al programa (por afuera de las comprendidas en el decreto) está el puente entre Santa Fe y Santo Tomé, adjudicado a la empresa constructora del accionista mayoritario del diario "El Litoral". 

Y de acuerdo con la resolución conjunta firmada éste lunes 20 por los ministros Enrico y Olivares, esa empresa cedió como garantía de un préstamo bancario (cuyos intereses pagaremos todos) un certificado de obra pendiente de pago del mes de agosto (que si no venció podría estar próximo a vencerse) por 1450 millones de pesos:


martes, 21 de octubre de 2025

TWEETS POLÉMICOS

 

lunes, 20 de octubre de 2025

EL PARTIDO DEL BALOTAJE

 

El balotaje o segunda vuelta en las elecciones presidenciales no es un invento argentino, pero entre nosotros tiene un origen histórico bien concreto: lo introdujo Lanusse en su Estatuto Fundamental que reformó en 1972 la Constitución vigente (la de 1853 con todas sus reformas menos la de 1949), para que rigiera en las elecciones que se terminaron realizando el 11 de marzo de 1973; en las que por primera vez en 18 años iba a participar el peronismo, aunque sin Perón como candidato.

El contexto en el que el "Cano" diseñó la maniobra era el fracaso del GAN (Gran Acuerdo Nacional), su intento de comprometer a Perón y al peronismo en una salida política continuista de la dictadura, lo que derivó en una salida electoral empujada por un clima de creciente conflictividad social y política desde el Cordobazo y el crecimiento del accionar de las organizaciones armadas. El objetivo del balotaje era claro: aglutinar en esa instancia todos los votos de las fuerzas políticas anti-peronistas que individualmente no alcanzaban volumen, para frenar el retorno del peronismo al gobierno.

La maniobra fracasó porque aun sin Perón como candidato, el FREJULI con Cámpora rozó el 50 % de los votos y frente a la contundencia del resultado, Balbín y la UCR declinaron participar en la segunda vuelta, anticipándose a una segura derrota que no haría más que reforzar la legitimidad del triunfo peronista: cualquier parecido con Menem frente a Néstor Kirchner en 2003, no es casualidad. 

Más acá en el tiempo y hasta hoy lo introduce Alfonsín en el marco de las negociaciones del pacto de Olivos que concluirían en la reforma constitucional de 1994, y exactamente con el mismo propósito que Lanusse: cerrarle el paso a un triunfo electoral del peronismo, por entonces en su encarnación menemista. Menem -que habrá sido cualquier cosa menos zonzo- advirtió el peligro que implicaba introducirlo en la Constitución con la fórmula clásica (para ganar es necesario obtener la mitad más uno de los votos válidos afirmativos): en las elecciones que lo llevaron a la presidencia en 1989 y después del descalabro del gobierno radical hiperinflación incluida, Angeloz obtuvo el 38 % de los votos, lo que implicaba que el polo anti-peronista de la sociedad era una fuerza a respetar.

De allí que haya pactado introducir el balotaje pero con la fórmula atemperada con la que lo conocemos hasta hoy, y que no le fue necesaria en su segunda candidatura (1995), porque logró captar (y espantar, pero en menor medida) votos de los dos lados de la grieta que divide a los argentinos desde 1945; e incluso es posible que -con su primer gobierno a la vista- haya tenido más votos gorilas, que peronistas. Una excepcionalidad que no se volvería a repetir, tanto que en 2003 el propio Menem intentó recrearla y tuvo que bajarse -justamente- del balotaje con Kirchner, frente a lo que era una segura derrota estruendosa. 

Por razones que no es del caso analizar ahora y mal que nos pese, el polo anti-peronista de la sociedad es a priori más competitivo en términos electorales, porque hay más gorilas que peronistas (no es casual que el anti-peronismo haya ganado los dos únicos balotajes habidos hasta acá en nuestra historia); pero en cada elección se fracciona y dispersa porque todos quieren ser el instrumento de la aniquilación definitiva del peronismo, que es a lo que ha quedado reducido progresivamente su programa político desde 1945 para acá.

El peronismo nació enfrentando a una coalición de fuerzas políticas y sociales (la Unión Democrática) que lo único que tenían en común entre sí era oponérsele, y les ganó (aun cuando Perón no era entonces lo que fue después) siendo fiel a sí mismo, es decir asumiendo en plenitud el desafío de representar los intereses de los que lo habían elegido como vía de expresión política, frente al fracaso de los partidos tradicionales. 

Si en las elecciones que vinieron después hasta el golpe que lo derrocó en 1955 fue aumentando invariablemente su legitimidad, las razones hay que buscarlas en su desempeño en los gobiernos de Perón, que son las mismas razones por las que la Argentina gorila los mantuvo proscriptos (a ambos, Perón y el peronismo) durante 18 años, sin permitir elecciones realmente democráticas en el país. El objetivo era el mismo que luego trataría de conseguir Lanusse introduciendo el balotaje: impedir que el peronismo volviera a gobernar la Argentina; como si hubieran dicho "No vuelven más, porque nosotros nos vamos a asegurar de que así sea".  

La enseñanza que deja la historia es muy clara: cuando el peronismo (tantas veces acusado de ser puro pragmatismo vacío de ideología en busca del poder, a veces con razón) es fiel a sí mismo gana claro; como pasó con Cristina en la fórmula presidencial en 2007 (después del gobierno de Néstor) en 2011 (después de su propio gobierno) y en 2019, después del desastroso gobierno de Macri. A la inversa, cuando el peronismo duda y busca un perfil componedor -en sus programas y en sus candidatos-, pierde: pasó en 2015 con Scioli (cuando Cristina no podía ser reelecta), y volvió a pasar en 2023 con Massa, después del fallido gobierno de Alberto, que fue en si mismo otro fracaso intento conciliador con la Argentina gorila. 

Vienen a cuento estas reflexiones por lo que está pasando en estos momentos en el país, y que es -en nuestra opinión- bastante obvio: conforme se desinfla aceleradamente el polo libertario del anti-peronismo ante el fracaso estrepitoso del gobierno de Milei, empiezan a inflar rápidamente el polo "republicano"; desde la embajada (como en 1945) y el poder económico local, como cuando el presidente de la UIA Luis Colombo firmaba los cheques para costear la campaña de la "Unión Democrática". Recrean el partido del balotaje, para volver a cerrarle el paso al peronismo, como hicieron antes Lanusse y Alfonsín.

Ya vieron que las colectoras por afuera para restarle votos al peronismo pueden no alcanzar (como pasó con Lavagna en 2019 para impedir el triunfo del "Frente de Todos") no alcanzan o no quieren correr riesgos, por si falla lo que consiguieron con Schiaretti en 2023, restándole a Massa los votos que le hubieran permitido ganar en primera vuelta. Por eso ahora intentan recrear la transversalidad que consiguió Menem en 1995, metiendo al peronismo anti-peronista de Córdoba (parte del partido SOCMA conducido por Macri) adentro de la nueva Unión Democrática denominada "Provincias Unidas", junto con electrones sueltos como Randazzo: por escasos que estos anden de votos, no están los tiempos como para andar desperdiciando ninguno.  

Para el peronismo el retorno al poder no será sencillo, pero tiene una condición esencial, como cada vez que ganó desde 1945: ser fiel a sí mismo, en los sectores sociales a representar políticamente, en el programa a someter al voto popular, en el liderazgo y en las candidaturas; en ese orden y no al revés. Aun así no hay garantías de ganar (nunca las hay en política), y menos en las condiciones de excepcionalidad anti-democrática que crea la proscripción de Cristina. Pero sin eso no hay chances. 

Tuits relacionados: 

domingo, 19 de octubre de 2025

TWEETS POLÉMICOS